Buscando a la compañera ideal.

Hace un tiempo que volví a Santiago, luego de tres años de ser ciclista a tiempo completo en el círculo polar ártico; lo hice con la convicción de que la bicicleta continuaría siendo mi medio de transporte en este hemisferio.

Mi primer instinto fue rescatar mi antigua bicicleta –escondida en alguna bodega- que  hoy debe tener unos 10 años y un valor que con mucho cariño no debe superar los $20.000. Pero funciona y con el pasar del tiempo me he acostumbrado a sus incontables mañas y al peso de su marco de fierro forjado.

La encrucijada ocurre cuando la llevo a mantención y se niegan a recibirla por vieja, momento en el que asumo que no le queda mucho por delante. Después de recibir y aceptar esta terrible noticia, surge el dilema esperado: ¿qué bici me compro?, ¿cuál se adapta a mi estilo de vida?  

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El Experimento

Fue frente a esta situación de interrogantes y búsqueda que New Indie me invitó a realizar esta experiencia con distintos modelos de bicicletas plegables, los que en teoría se debieran amoldar a una jornada flexible y variable. Siempre sentí curiosidad por estos modelos “portables”, por lo que el experimento se mostró como una gran oportunidad de ponerlas a prueba en primera persona.

El día que fuimos a coordinar la logística del experimento me tocó conocerlas: tres candidatas plegables distintas. Para que el cambio no fuese tan brusco, considerando mi bicicleta,  partimos con una de aro intermedio (16″) modelo Flamingo, de diseño amable y color rojo intenso. Presto atención a la clase que –amablemente- me dan en la tienda Mi Bicio: paso 1, paso 2, tira aquí, tira acá.

Terminada la clase y confiada en mi aprendizaje respecto al proceso de plegado, me despido y parto cautelosamente por la ciclovía de Marín. Al principio, me pareció duro, ya que me venía bajando de una bicicleta con doble suspensión y esta ciclovía tiene algunos “eventos” a lo largo de su trayecto. Camino a mi destino voy maniobrando, probando frenos y postura, descubro que debo ir atenta a las piedras, pero poco a poco me voy relajando hasta llegar a mi primera parada.

Llena de entusiasmo llego a mi destino y comienzo a mostrar el modelito, comentando lo rápido que se pliega y me dispongo a hacer la demostración. Acto seguido me encuentro tirando y soltando ganchitos sin lograr plegarla y lo que en la tienda se vio tan fácil, ahora parece un puzzle.

Aburridos de esperar, los espectadores se fueron y me quedé sola con el desafío del desplegado. Casi 20 minutos después logré plegarla y desplegarla un par de veces sin problemas, por fin sentí que había superado el primer obstáculo y que el camino que faltaba por recorrer sería más natural.

Terminada mi labor en este lugar, la vuelvo a armar y esta vez nos lanzamos por la ciclovía de Lyon, fue una seda y a cada pedaleo me sentía más cómoda. Con confianza me paso a la calle , preocupándome de tomar distancia para realizar un viaje tranquilo y de movimientos predecibles. Para mi sorpresa no me sentí fuera de lugar en la calzada, al contrario, el maravilloso sistema de cambios permitía un pedaleo muy estable y seguro. Terminaba el día y la plegable se había portado muy bien, mejor de lo que estimé en un principio.

Al otro día parto muy temprano a un compromiso, pero al llegar me informan de un repentino cambio de planes en un lugar lejos de ahí. Mi primer pensamiento fue: “Debería ir a dejar la bicicleta o dónde la podré dejar”, pero recordé que andaba en una plegable y sin problemas la introduje en la maleta del automóvil de un colega.

Terminada la visita me dejan en una estación de metro y decido aprovechar la oportunidad y el horario valle para ingresar con ella. Estando fuera me pongo a plegarla y un grupo de personas me mira curiosa, esta vez no tardo más de 2 minutos y en cuanto finalizo le coloco su funda, quedando como una discreta maleta. Bajo a la estación y paso por el torniquete sin problemas ni necesidad de entrar por el costado. De pura emoción bajo sin resaltos por las escaleras y me pongo a esperar el tren.

Tomando en cuenta que no era hora punta, entro y salgo del vagón sin problema. Cuando me bajo del tren la llevo como un carrito, tambaleándola un poco, quizás por la falta de práctica. Después vienen las escaleras que, aunque uno no lo note, son hartas y los 12 kilos de la bici se empiezan a notar.

Quizás en hora punta hubiese tomado el ascensor para evitar la multitud y el riesgo de pasar a llevar a alguien. Me dirijo donde mi kinesióloga y llego con la bicicleta hasta el interior de su consulta sin ser increpada, la doblé parcialmente en un rincón de la sala y me atendió. Quizás sea su volumen lo que hace que aún desplegada le den acceso a distintos lugares, como cuando pasé a una cafetería donde tenía una reunión y la “senté” a mi lado sin problemas.

Ya cómoda y confiada parto nuevamente a la tienda, para conocer el nuevo modelo que me tocará probar. Aún con el entusiasmo de la novedad, me costó dejar la simpática Flamingo…

Continuará…

About The Author

Sole
Arquitecto

Arquitecta | Master in #Sustainability @UmeaUniversitet | Docente @ArquitecturaUDD | Secretaria @CAJ_CoArq | Tengo Fonasa, soy peatona y ciclista.

4 Responses

  1. Isa

    ¿Donde se niegan a recibir una bicicleta de 10 años? La mía tiene casi 20 años y va a todas sus mantenciones sin problemas (y he visto unas más viejas en los talleres)

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    • Sole Larraín

      Hola Isa! La idea no es funar a nadie, pero debo añadir que esa bicicleta pasó por varias manos (incluido mi hermanito menor). Quizás nunca tuvo la manutención necesaria, y en eso hago un mea culpa, pero el taller se ofreció a arreglarla por un valor altísimo ya que básicamente era cambiar todas las partes importantes de ésta, de ahí la inquietud de cambiarla. Ahora una buena bicicleta bien mantenida tiene una vida útil larguísima como bien dices tu, de hecho mi bici en Suecia era una Crescent de los 70′ y andaba increíble. Esta es una historia particular, y la idea no es desacreditar a las bicicletas antiguas. Saludos!

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  2. Fer

    Hola, la Flamingo te resultó cómoda? Solo para distancias muy cortas o podría andar bien para “salir a andar” por la ciudad y recorrer 20/30 kilometros sin problemas?

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    • S☀️L (@sole_larrain)

      Hola Fer! La verdad es que la flamingo fue una gran opción, anda muy bien y no creo que sea solo para distancias cortas ya que tiene un buen sistema de cambios, pero no me arriesgaría a 30km, creo que cómodamente anda en el rango de 10-15km diarios, debido a que no logra una gran velocidad y en los trayectos largo ese es un factor importante. Te recomiendo ir a probarla, darle vueltas y ver si se ajusta a tu rutina, en mi caso fue la que más me acomodó de las 3 opciones plegables. Saludos!

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