Invertir en modos no motorizados es recuperar la ciudad para las personas.

¿Qué te motivó a optar por un modo de transporte no motorizado en tus viajes cotidianos?
Comencé a usarla como medio de transporte en la universidad. Decidí subirme a la bicicleta para ahorrar plata y, al poco andar, me di cuenta que me ofrecía mucho más; ahorraba tiempo, hacía ejercicio, lo pasaba mejor y llegaba más despierto a clases. Así es que no me bajé nunca más. Luego me hice de nuevos amigos, a propósito de mi creciente interés por la bici y terminé convirtiéndome en activista, hasta que decidí dedicarme profesionalmente a la promoción de la movilidad a escala humana desde mi disciplina: el diseño urbano.

¿Hace cuánto tiempo te mueves en un modo no motorizado y cuáles son tus recorridos habituales?
Hace casi 15 años. En general, mis recorridos varían bastante, pero actualmente tengo un trabajo fijo, así es que todos los días paso a dejar a mi hijo mayor al colegio y luego sigo en la “cargo bike” hasta el centro. Son aproximadamente 8 k de ida y lo mismo de vuelta: 16 k en total.

¿Qué accesorios sueles llevar contigo cada vez que te movilizas en tu medio no motorizado? Y ¿cuál es tu estrategia para desplazarte a través de la ciudad?
Las luces, para mí son lo más importante -por lejos- y luego la campanilla. Siempre he pensado que lo fundamental al moverse por la ciudad, es tomar medidas y tener conductas que eviten un accidente; que te hagan estar menos expuesto. Como dijimos alguna vez en la campaña #CompartamosLaCalle: “Hazte visible. Sé predecible. Pedalea seguro”. Ese sería mi consejo y yo mismo trato de seguirlo siempre.

tomas_echiburu-newindie-cargobike

¿Qué cambios propones para una mejor convivencia entre los distintos modos de transporte en la ciudad (motorizados y no motorizados)? ¿Cómo y a quiénes se podría incentivar, para promover el uso de modos de transporte no motorizados en la ciudad?
Generalmente, cuando hablamos de convivencia vial, salen todos a pontificar y enjuiciar al del frente. Es muy común en Chile culpar al otro y justificar siempre las conductas propias. Por lo mismo, creo que urge definir un contrato social y aceptar la pirámide invertida de la movilidad, como el principio rector para todo lo que se haga en el futuro.
Cuando asumamos que todos somos peatones y que la caminata es el modo de transporte prioritario por definición; cuando aceptemos que la promoción de la bicicleta es importante para el sistema de movilidad, por su eficiencia y bajas emisiones; cuando entendamos la necesidad de priorizar el transporte público por sobre el privado; y, por último, cuando aceptemos que el uso indiscriminado del automóvil es un problema para todos y que la única solución a la congestión es bajarse de él, ganaremos todos.
Sólo aceptando todo lo anterior, de forma transversal en la sociedad, y entendiendo que no se trata de que ganen unos para que pierdan otros, sino que al aplicar este principio nos vemos todos beneficiados, tendrá sentido hablar de educación vial y todo lo demás. De lo contrario, a los niños en el colegio sólo les enseñarán a conocer símbolos viales y cumplir normas que fueron diseñadas, exclusivamente, para beneficiar a los pocos que se mueven en el medio más ineficiente y contaminante de todos: el automóvil.
Con el tiempo, hemos aprendido de los propios ingenieros en transporte, que existe un fenómeno conocido como demanda inducida. En palabras simples: si construyes autopistas, tendrás más autos circulando.
La buena noticia es que lo mismo se aplica a los peatones y ciclistas: invierte en buenas veredas y tendrás más peatones; invierte en buena infraestructura para ciclistas y tendrás más ciclistas.
Si queremos incentivar el uso de modos no motorizados de transporte, es cosa de dejar de invertir en autos y volcar esos recursos -humanos, económicos y espaciales- a promover la caminata y el ciclismo.
Cuando haces una buena ciclovía (como las de Lyon, Portugal y otras), es cosa de semanas para ver cómo se multiplican los ciclistas. Pero no sólo eso; comienzan a aparecer los niños, los adultos mayores y todos esos usuarios que, de otro modo, no hubiesen tenido la oportunidad de tomar la bici.

Invertir en modos no motorizados es recuperar la ciudad para las personas; es volver a construir nuestro espacio público desde la escala humana, como lo hicimos durante miles de años y lo olvidamos hace no más de 100.

Tomás Echiburú Altamirano
Arquitecto urbanista
33 años
Santiago, Chile.

¡Comenta!