Talleres comunitarios en Argentina y más allá

Este artículo intenta recopilar la pequeña historia de una dinámica cada vez más común en Argentina: los talleres comunitarios de mecánica de bicicletas. Dispersos por toda la geografía, hoy pueden encontrarse diversos espacios y proyectos dedicados a esta práctica compartida y todo esto tiene un árbol genealógico que intentaremos develar.

Desde el boom de la Masa Crítica de Buenos Aires, a finales de la primer década del siglo XXI, las nuevas expresiones del ciclismo urbano se han mixturado con las tradiciones de distintas comunidades del país. Grupos organizados, contagiados unos de otros, van enterándose de informaciones y posibilidades de crear instancias donde el espacio de encuentro entre ciclistas lleve a nuevos horizontes. Más allá de pedalear y las nociones de injusticia vial de cada hábitat, aparecen como temas de charla común el estado de conciencia propia que tenemos del estado de nuestra bici, cómo mantenerla y cómo mejorarla.

 

Antes de ayer

Imaginando la prehistoria de este movimiento de talleres comunitarios, podemos jugar a meter en una licuadora (quizás a pedal) muchos ingredientes. Las historias de viejos mecánicos de bicicleterías de barrio con calle de tierra, que no dudaban en dar una mano al piberío agrupado, las continuas respuestas comunitarias a la falta de reacción de los gobiernos, el afán adictivo del DIY -sigla en inglés de Hazlo tú mismx– y su estirpe relacionada al movimiento Punk y, por qué no, las casas colectivas de jóvenes y estudiantes que cuentan con una flota propia de ésta, donde las bicicletas son parte de una propiedad común.

“Si hubiera tenido uno de estos espacios cuando era niñx”, es una frase que suele escucharse repetida de la boca de adultxs nostálgicos que, en un desliz de distracción, no se dan cuenta que el presente está delante de sus narices. En Argentina, podemos pensar que experiencias cercanas a talleres de mecánica compartida se dieron en distintas okupaciones, casas recuperadas para colectivizar el hábitat y el conocimiento en talleres de diversas expresiones culturales, previo a la fundación del proyecto que se considera iniciático en estas prácticas: La Fabricicleta, en la ciudad de Buenos Aires.

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Ayer

¿De qué se tratan estos espacios? Son lugares físicos donde las herramientas y las personas comparten la finalidad de solucionar colectivamente, problemas de mecánica aparentemente individuales. Cualquier persona puede acercarse con su bicicleta y dudas de cómo hacerla funcionar mejor, siendo asistida por personas que colaboran con el espacio. No son talleres o clases, sino que hay una dinámica de taller abierto donde todo se comparte y la finalidad del proyecto no es el lucro, sino una comunidad que crece en vínculos, conocimiento y sonrisas.

El Manifiesto de La Fabricicleta era premonitorio en las lógicas, las dinámicas y la identidad de este proyecto. El grupo de jóvenes que comenzó con aquella idea, tenía sus influencias en la Masa Crítica de Buenos Aires, en tiempos donde el Gobierno de la Ciudad recién comenzaba a hacer su propaganda probici, con dudosa reputación en los ambientes culturales; y recibió esta idea de parte de los grupos italianos que, en ciudades como Roma y Milán, sostienen Ciclofficine Popolari.

La Fabri comenzó sus actividades en la Asamblea de Vecinxs de Villa Urquiza, una vieja pizzería abandonada que fue transformada en un espacio comunitario de prácticas culturales y sociales en 2002 -tras las revueltas del 19 y 20 de diciembre de 2001 que fueron el fin de una era para todo el país-. Su éxito fue rotundo y la asistencia a los horarios de apertura eran masivos: había jornadas de trabajo donde 50 personas pasaban a arreglar sus bicicletas en cuatro horas de taller. No sólo de mecánica se trataba el proyecto: actividades culturales con niñxs de escuelas, veladas artísticas con música en vivo y talleres con grandes maestros de la mecánica, fueron parte de la programación habitual. El proyecto duró tres años de forma activa (2010-2013) y fue referencia para muchos grupos de personas que estaban buscando agruparse: fue así que surgieron otros talleres como La Bicicueva (también en Buenos Aires), Karaí (en Resistencia, Chaco) y los talleres de La Luna y Suipacha (en Córdoba).

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Hoy

En la actualidad, las prácticas de mecánica compartida tienen muchos formatos y se dan en muchos lugares del mundo. Hay talleres de capacitación en muchas ciudades del país, pero estos espacios se caracterizan por ser movimientos de construcción colectiva, donde se busca cambiar las lógicas de transmisión del conocimiento. También en muchos de estos espacios hay un stock de materiales recuperados que pueden ser utilizados, transformados y sumados a la bicicleta.

Podríamos pensar que internet es un arma de doble fijo: si bien a través de tutoriales podés aprender cualquier habilidad mecánica y de esa manera se pudiera atentar contra las ideas de compartir espacios presenciales, es a través de la red que este movimiento se fue multiplicando y encontrando. Hasta 2017, en Argentina muchxs creíamos que el pariente más lejano a estos talleres eran las Ciclofficine Popolari de la lejana Italia. Ese año, gracias a una búsqueda en las redes, una mecánica voluntaria del taller Third Hand de la ciudad de Columbus Ohio, llegó a las puertas del Taller Popular de Ciclomecánica Suipacha en Córdoba, Argentina.

Fue allí que un puente se hizo entre el sur y el norte del continente americano. La sorpresa de esta visitante fue conocer que la historia del Taller Suipacha, incluía no sólo una herencia de La Fabricicleta -de hecho muchas de sus herramientas a la hora de fundar el taller fueron recibidas desde Buenos Aires- sino que tras ser echadxs del espacio que utilizaban, el colectivo había decidido construir su propia sede en un baldío recuperado.

Una apuesta audaz y reforzada de la práctica del DIY, en un país sumergido en una crisis económica y en una de las ciudades más policializadas del continente, lo que podríamos ejemplificar como una clara noción estatal de orden del espacio público. El trabajo conjunto entre vecinxs, talleristas y arquitectxs, sumado a campañas de financiamiento autogestivo (sorteos, venta de remeras y otras ideas) se dio por más de un año, para llegar a la fundación del espacio en noviembre de 2017: el primer taller comunitario de la Argentina en tener su propio espacio físico.

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Los proyectos comunitarios y colectivos de ciclomecánica compartida de Norteamérica se encuentran hace 15 años en Bike!Bike!, un encuentro anual que se ha realizado en ciudades de Estados Unidos, Canadá y México. Los espacios se agruparon en su momento en el Bicycle Organization Organization Project, incluyendo en su origen a talleres comunitarios que hoy tienen casi tres décadas de procesos.

El Taller Suipacha existe hace 5 años en barrio Pueyrredón, un barrio periférico de la ciudad de Córdoba en Argentina. Es un proyecto que funcionó originalmente en un club de ciclistas que operaba como depósito y que, siguiendo la tradición fabricicletista, se enmarca también como un productor de cultura y generador de momentos de encuentro más allá de la bicicleta y la mecánica. Actualmente, pasan decenas de personas a reparar sus bicicletas en sus horarios de taller abierto y puede verse un territorio posible: la diversidad no es un problema en la convivencia, donde se ven ciclistas de diferentes barrios, países, géneros y bicicletas, encontrando un punto en común en lo profundo de su humanidad.

Es decir, internet nuevamente agrupa y da sentido a esta locura infinita. Los talleres comunitarios, talleres populares de ciclomecánica, bike kitchen, ciclofficine popolari o como quieras decirle en tu idioma, son una gran idea para juntar a la gente. Todos los proyectos son diferentes y su diversidad está causada por el entorno y la creatividad que cada grupo va encontrando. Hay talleres que funcionan en espacios culturales, escuelas industriales o bien son itinerantes y funcionan en el espacio público; hay algunos que son autogestivos y otros han desarrollado también prácticas de cooperativa.

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taller_suipacha8-new_indieAprender de mecánica nos enseña que para mantener un buen andar es necesario, cada tanto, hacer un mantenimiento: abrir, limpiar, engrasar y cerrar. Quizás las bicicletas, máquinas del equilibrio, sean una buena metáfora para aprender a desandar nuestros miedos y compartir los conocimientos para lograr un mejor andar. Los talleres comunitarios son vehículos colectivos que funcionan como la bicicleta: su exposición brutal al riesgo -sus puertas abiertas- es a la vez la magia de sentir el viento en la cara y ver el cielo sin intermediarios.

Busca si hay algo similar en tu ciudad y si no existe aún: ¡Hacelo vos mismx! La curiosidad es lo que moviliza a estas personas que se encuentran a equivocarse y disfrutar de intentar resolver colectivamente los conflictos que una bicicleta y un alma puedan tener, porque como decían los primeros folletos del Taller Popular de Ciclomecánica Suipacha en Córdoba: El estado de tu bici es el estado de tu alma.

Buen viaje.

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Aclaración: existen la forma y el contenido. La forma de este artículo fue desarrollada en redacción y poética por una persona, pero su contenido es parte de un proceso de charlas interminables en días y noches profundas sobre este movimiento, con debidos recesos de juegos de Backgammon y pedaleadas bajo la lluvia a algún barrio de alguna ciudad.
Fotografías: Santiago Lacava, Natalia Roca, Lali Zonotti, Fernando del Castillo y Mariana Di Vincenzo

About The Author

Tomas Di Tomaso

Bípedo, bicicletista devenido en periodista, amante de la metáfora, los símbolos y el Club Atlético Excursionistas. Radicado en Córdoba, Argentina. Advertencia: al ser porteño contiene alto porcentaje de humedad de alma. Integrante del Taller Popular de Ciclomecánica Suipacha.

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