Pía Montealegre, Arquitecta

Siendo Chile anfitrión de un evento de calibre mundial, amerita que se genere una discusión pública sobre la bicicleta.

Esa es la postura de esta arquitecta sobre la relevancia de que nuestro país sea sede del próximo Foro Mundial de la Bicicleta durante 2016. Magister en Desarrollo Urbano y candidata a Doctora en Estudios Urbanos de la PUC, en la actualidad Pía es profesora de la Escuela de Arquitectura de la UDP y columnista de VyD de El Mercurio.

¿Cuál es tu opinión o visión de Santiago en relación al uso del espacio público?
Tenemos una carencia tanto cuantitativa como cualitativa, porque el poco espacio con que contamos está en mal estado o no es de calidad y las groseras desigualdades sociales de nuestra ciudad también se acusan en este aspecto.
A pesar de ello, los santiaguinos tenemos hábitos muy ventilados y hacemos mucho uso de él, porque nuestro clima nos lo permite. El problema es que somos usuarios bastante mal portados: groseros, irresponsables, irrespetuosos y abusadores. Y con ello me refiero al uso que hacemos de todo nuestro espacio público, desde cómo circulamos por la calzada a cómo nos divertimos en un parque. No sólo debemos buscar una mayor y mejor dotación de espacio, sino que también volvernos mejores usuarios. Una mayor cultura de lo público desde la educación cívica redunda en un espacio urbano mejor utilizado.

Hoy existen esfuerzos por rescatar y recuperar el patrimonio, no sólo construido sino también cultural y social, ¿crees que esta acción de rescate ayuda a crear una ciudad más amable, una mejor ciudad?
Desde mi postura de arquitecto, no concibo la existencia de un patrimonio “cultural” sin un espacio donde albergarlo. Creo que esa distinción sólo ha facilitado echar mano al entorno construido y a desterrar, de paso, las prácticas culturales.
De forma residual, se ha mal definido patrimonio “plebeyo” o “subalterno” a todas las construcciones no monumentales a las que una comunidad urbana le asigna valor identitario, es decir, nuestras casas y barrios. Hoy en día, la defensa de ese patrimonio ciudadano se ha transformado en una estrategia transversal de resistencia frente a la voracidad del capital sobre el territorio.
El asunto se vuelve de una relevancia ideológica medular para sobrevivir a la volatilidad de los tiempos. Preservar la memoria material del pasado y otorgarle valor, es fijar en el tiempo y el espacio nuestra identidad. En ese sentido, el rescate del patrimonio lo veo no sólo como un problema de calidad de vida o de estética arquitectónica, sino como una necesidad filosófica. Recuperar, salvaguardar y reutilizar, es el espíritu de nuestro tiempo. La filosofía de lo “desechable” ya no nos deja tranquilos.

 

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Hoy se habla mucho de volver a una vida de barrio, lo que genera una atención especial en zonas con vida propia y bien conectadas, poniéndolas a su vez en la mira del empresariado inmobiliario, ¿crees que es posible conciliar ambas, el barrio tradicional y sus nuevos habitantes?
Todo barrio necesita de una cuota de renovación de sus habitantes, sino se transforma en una comunidad que se empobrece y envejece homogéneamente. Eso es fatal, porque la muerte también se produce de la misma manera.
La renovación no tiene por qué ser sinónimo de desalojo de los habitantes tradicionales. Hoy se habla no sólo de ‘gentrification’ o ‘elitización’, sino de ‘youthification’ o ‘rejuvenización’ de barrios. Cuando un sector comienza a cambiar de carácter, la expulsión se produce por aumento en el valor de las propiedades, por eso se van los más pobres y los más viejos. Para evitarlo, la ley tiene que regular el valor del suelo.
Esto, que en Chile suena completamente a tabú, se aplica en otras ciudades, especialmente en los arriendos. Aqui puedes subir el arriendo de tu propiedad al precio que se te dé la gana, lo que es un primer paso para la expulsión y una invitación a la especulación inmobiliaria.
Por otra parte, cuando los planes reguladores están confeccionados a la medida para satisfacer las necesidades del negocio inmobiliario, más que a las necesidades de la ciudad, cualquier “renovación” de un sector se traduce en su destrucción, porque el desarrollo nunca es armónico con lo existente.
Si tenemos un sector de casas de dos pisos y se han abierto las posibilidades de desarrollar torres de 20, no hay cómo salvaguardar al antiguo barrio. Planificación sustentable, control del valor del suelo y barrios vivos: esos son los ingredientes imprescindibles.

Los problemas actuales en relación a la  movilidad, ¿crees que afectan la vida de barrio?, ¿cuál es el principal desafío para las autoridades a la hora de planificar e innovar en la ciudad?
Si bien nuestra ciudad tiene barrios magníficos para vivir, muy pocos funcionan de manera autónoma y estamos obligados a desplazarnos por una serie de razones muy absurdas y difíciles de cambiar.
Muchas temas que podrían resolverse en los barrios –como la educación, el comercio y los servicios básicos- los resolvemos mediante desplazamientos. Creo que, por ejemplo, la mejora en la educación pública será clave en eso, ¿no sería fantástico que nuestros hijos fueran tranquilamente al colegio que les tocó en su barrio y no tuviéramos que cruzar la ciudad para buscarles el mejor futuro que podamos pagarles?
Del mismo modo, instalamos los malls en medio de la ciudad, en vez de ponerlos en la periferia, matando el comercio de escala menor y, de paso, inyectando de autos al sector más congestionado. Desperdigamos universidades por la metrópolis, en vez de concentrarlas en un campus o ciudad universitaria, etc.
Pero el asunto no sólo es un problema de mover y ordenar piezas: la desigualdad socioeconómica, replicada en el espacio de la ciudad, es lo que ocasiona la mayor cantidad de desplazamientos en busca de los lugares de oportunidad. Para que Santiago sea una ciudad de barrios y no de guetos, antes tiene que ser una ciudad justa.

¿Cómo te movilizas por Santiago?, ¿qué piensas de la situación actual en relación a la saturación vial y la contaminación ambiental en la ciudad?, ¿ves alguna solución?
Me movilizo prácticamente en todos los medios, aunque debo confesar que la bici la tengo guardada hace un tiempo. Padezco el Transantiago todos los días y cada vez que puedo me arranco de él en colectivo o taxi. Aunque yo no manejo, en mi casa tenemos auto y también lo usamos frecuentemente, por lo que tengo bastante experiencia en todo tipo de congestión.
Creo firmemente que estamos muy distantes de un sistema de transporte público digno. Cuando voy apretada en la micro y recuerdo que se habla de bajar a la gente del auto, pienso ¿y los querrán a subir aquí? Seamos sinceros: no cabe más gente en el Transantiago.
Para que sea una alternativa al auto el sistema de transporte tiene que ser cómodo y eficiente y para ello se necesita una red redundante, es decir, con alternativas de desplazamiento. No soy experta en transporte, pero no creo que los buses sean una gran alternativa en una ciudad con escasa capacidad vial y, de ninguna manera, los trastos contaminantes que tenemos hoy merecen más espacio.
Necesitamos mucho Metro, pero también, creo que hay que implementar sistemas de tranvías en el centro y ferrocarriles suburbanos con estaciones más distanciadas. Miles y miles de millones de inversión pública: esa es la única solución.

 

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¿Cómo crees tú que se logra una convivencia sana y justa entre todos los actores del barrio: peatones, automóviles privados, taxistas, transporte público y usuarios de bici?
Hay un factor de educación vial muy relevante. En otros países los niños son educados en la conducción de bicicleta desde muy pequeños en el colegio y obtienen una licencia simbólica, por lo que adquieren la conciencia de la normativa del espacio público en algo que pueden aplicar de inmediato. En eso, la bicicleta es una excelente herramienta pedagógica, porque cuando llegas a manejar tu vehículo, ya maduro, los valores ya se han adquirido. Pero por otra parte, hay un tema de espacio. Si el espacio es escaso y los actores son muchos, es muy difícil lograr compartirlo de forma armónica. Creo que son necesarias las separaciones entre los distintos modos en las zonas de mayor afluencia y velocidad. Las zonas 30 bien diseñadas –porque no basta con reducir las velocidades con un letrero-, son el recurso que debiera utilizarse en todo el resto del tejido.

¿Como ves el proceso de densificación versus la expansión de la ciudad? y ¿cómo ves a la bicicleta como pieza dentro del sistema intermodal de movilidad?
Nuestra ciudad ya es tremendamente extensa y eso no tiene vuelta. No digo que debiéramos naturalizar la extensión sin intentar controlarla, pero sí que debemos pensar sistemas que funcionen en ese espacio. La extensión y el suburbio es con auto y autopista, eso es inevitable, pero de ambas cosas ya tenemos suficiente. Para hacer que el habitante del suburbio utilice su auto racionalmente no podemos simplemente montarlo en la bicicleta y hacerlo cruzar Santiago.
Para que la bicicleta funcione en el suburbio hay muchas alternativas. Pueden haber trenes de cercanía con estaciones en donde pueda dejarse la bici y tomarla al regreso. Pueden usarse sistemas de bici de arriendo. En ciudades donde la red de transporte público es redundante, es posible también subir las bicis a los trenes y carros de tranvía, porque no van atochados.

¿Cuál es tu percepción del ciclista urbano en Santiago?
Como en todos los medios, hay ciudadanos ejemplares y detestables. Creo que en el caso de la bici, estos últimos son los menos, porque andan menos tensos que los automovilistas.
Hay mucho prejuicio en contra de los ciclistas. Por ejemplo, me cruzo diariamente con decenas de veredistas que son tan discretos y respetuosos que como peatona no los advierto, pero basta un solo irresponsable que te haga pasar susto para que todos caigan condenados y lo mismo pasa en la calzada.
Me gusta esa frescura juvenil y activa que ha tomado el colectivo ciudadano. Creo que ganar espacio para la bici es una causa inspiradora, porque habla de un cambio profundo en nuestra forma de vivir la ciudad. Pero a la vez y, como en todo orden de cosas, me resultan detestables los fundamentalistas dogmáticos.
El cambio hacia una movilidad sustentable es un proceso largo y complejo, donde la bici es un elemento de mucha relevancia, pero no el único y, lamentablemente, tampoco el más urgente hoy.

 

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El próximo Foro Mundial de la Bicicleta se realizará en Santiago, ¿qué desafíos representa para la ciudad?, ¿qué expectativas tienes como ciudadana, respecto a lo que esta actividad nos debiera dejar como aprendizaje?
Siendo Chile anfitrión de un evento de calibre mundial, ameritaría que se generara una discusión pública sobre la bicicleta, que abarcara perspectivas políticas, discusiones en los medios y reflexiones en las instituciones educativas.
Esperaría que el Foro Mundial de la Bicicleta saliera de los salones de conferencia al espacio de la ciudad e involucrara a la sociedad civil para hacer un gran pacto de movilidad sustentable desde Santiago.

¿Cómo sueñas Santiago de aquí a cinco años?
Los plazos para hacer ciudad son muy largos, por lo que de aquí a cinco años sólo me atrevería a soñar con planes y cambios institucionales. Tendremos una autoridad metropolitana, el anhelado Alcalde Mayor, que tomará a su cargo el espacio público de la ciudad y comenzará por corregir las desigualdades. Estaremos construyendo un par de líneas más de Metro, planificando otro par y estudiando seriamente la implementación de trenes suburbanos y tranvías.
Como es rápido y económico de hacer, lo que sí estará concluido es la red de ciclobandas que irrigará toda la ciudad y contaremos con estacionamientos de bicicletas en las estaciones de Metro, techados y vigilados.
Estaremos viendo los jóvenes ramajes de una masiva forestación Santiago, que se convertirá en un oasis verde, fresco y húmedo. A punta de mejores diagnósticos y tecnologías, tendremos un aire bastante más limpio, por lo que pedalear será saludable y delicioso.

 

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Fotografías: OJOPARLANTE

About The Author

Sole
Arquitecta

Arquitecta | Master in #Sustainability @UmeaUniversitet | Docente @ArquitecturaUDD | Secretaria @CAJ_CoArq | Tengo Fonasa, soy peatona y ciclista.

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