Hace poco conversaba con una conocida amiga bloggera, respecto de la indumentaria femenina al pedalear. En mi caso, quiero manifestar mi opción de vestido y pedal: no me visto así para decorar el pedaleo citadino, o para tirar pinta mientras conduzco al trabajo, eso sería más bien una consecuencia.

Mucho menos me visto así para que los hombres se sientan con derecho a pasarse rollos, ni para la envidia de las minas o provocación de las feministas al peo. Sino porque cuando una pedalea 32 k diarios, como es mi caso (y eso que no tengo la aplicación Endomondo, para sobrarme), llevando 17 kg extras sobre tu trasero, y hablo de kilos vivos, porque a la alforja no tienes que ir conversándole o pasándole comida en el camino, ni chupetes, tutos o dinosaurios.

Y luego que te deshaces del peso, todavía debes pedalear a contrapendiente hacia el trabajo por 13 k más e intentar llegar digna, porque en mi pega no hay baños con ducha, ni siquiera por género –el baño es uno, mixto y compartido-, por lo que no me queda otra opción que irme con la ropa de trabajo puesta y a velocidad de paseo, para no llegar muy sudada ni oleosa.

Los que conocen mi bici, la famosa candelaria roja, saben que es la más charcha y pesada del mercado nacional y, dado que es de paseo, prefiero pedalear en una velocidad. Por este motivo, es que la indumentaria más cómoda para mí y para la humanidad (ustedes), es el vestido ancho, que me permite ventilación, comodidad y funcionalidad al pedalear.

Al no tener roce con ninguna otra prenda rígida, al permitir la rotación del fémur con máxima amplitud, al liberar al calzón de posicionarse entre las nalgas, por no tener otra prenda que lo presione o empuje hacia tal lugar y, al liberarme a mí de la preocupación de ese incómodo rollito de cintura en invierno (que ya no se fue más), o de si se me ven los calzones cuando el pantalón se baja. Sin duda, el vestido es ideal.

Así que si todavía quiere convencerme de que vaya como una superheroína de lycra, con la tricota y la calza con acolchado, los invito yo a ustedes, a pedalear 32 k diarios, en una velocidad, 13 k a contrapendiente, con 17 kg más sobre su trasero, saliendo desde el tóxico centro de Santiago, con ropa semiformal y tratar de llegar dignos. Después de eso, conversamos. Y si siguen teniendo prejuicios o creen que me visto para ustedes, ¡supérenlo!

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Candelaria

Pedalera innata. Habla fuerte, pedalea suave y sueña en grande, pero siempre con glamour. Geógrafa de profesión, "vagamundos" y danzarina de oficio, pedalea con vestido.

3 Responses

  1. Margarita Arias

    Ciclista apasionada, como ha cambiado tu vida desde que andas en bici, que tiempo lo haces

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  2. Caro

    Me da rabia la wea del vestido en bicicleta. No importa que tanto calor haga, yo igual me tengo que poner patas abajo pq me carga como me miran y me gritan en la calle. Genial que tu andes con vestido así nomás, y un pena que sea una opción que tenga que defenderse.

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  3. Margarita Arias

    Chicas, la bicicleta sin duda es un vinculo entre quienes lo practicamos, y mucho mas entre nostras. Concuerdo que el vestido sea la prenda ideal, lo hago también, pero lo combino con patis o medias pantalón por dos razones, en mi ciudad Cuenca en Ecuador hace frío la mayor parte del año y de cada día, y luego para no dar motivo a que el machismo se sobrepase.
    Debemos defender nuestro derecho a vestir como nos sea mas cómodo y no regirnos a nuestras sociedades marcadas por exigencias machistas para cumplir esquemas sociales.
    Vamos al trabajo, al cole, a la universidad, de compras, y a todo lado, como nuestra imaginación nos permita estar lo mas cómodas sobre nuestra bici.
    Y cuando nos griten en la calle, alzar los hombros en respuesta es mas que suficiente jaja, Nuestra libertad no la para nadie.

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