Luego de vivir una nueva mala experiencia a escasas cuadras de donde vivo y transito a diario en bicicleta, tuve que llegar a mi casa a grabar una nota de audio para poder hacer esta crónica, porque me temblaban tanto las manos que no podía escribir. Al igual que el video que compartí hace algunas semanas de una chica española que se filma justo después de que una automovilista le hiciera una encerrona contra otro vehículo, bajo la excusa de “no te vi”.

Básicamente lo que ella hizo fue un descargo, de esos que nacen en las vísceras cuando se te hiela y hierve la sangre al mismo tiempo en cosa de segundos, tras verte encerrada entre un bus y un automóvil, como me pasó antes de comenzar este relato. Sin embargo, lo que más rabia provoca y lo más grave al final del día, es que éstas no son situaciones aisladas sino más bien recurrentes, incluso, pueden llegar a pasar a diario.

Pero quienes optamos por la bicicleta como nuestro medio de movilidad desde hace años, llevamos tanto tiempo padeciéndolas que, al igual que tantos años llevamos las mujeres sufriendo acoso callejero, somos muchxs quienes las obviamos. Es tan cotidiano que te haga una encerrona un taxista, que un automovilista te grite que te salgas de la calle o que un chofer del transporte público te frene encima, que ya no reparamos en ello y hasta, me atrevo a decir, nos parece natural. Naturalizamos la violencia vial del mismo modo que se ha naturalizado el acoso callejero a las mujeres: es normal que nos agredan en el espacio público.

El punto es que ¡No más! Esta semana recibimos una noticia terrible desde Ciudad de México: una compañera, una mujer ciclista murió arrollada por un camión revolvedor de cemento. Y ante un hecho que en sí es sórdido, triste y lamentable, y ante las miles de voces quebradas por la pena de otrx ciclista muertx, de reclamo, pero sobre todo de apoyo, surgieron también voces del tipo “por qué andaba por esa calle” o “por qué no tomó distancia del camión”. Y el retrogusto es inevitable: “la violaron porque andaba borracha y sola de madrugada”, “la violaron porque andaba de minifalda”.

Insisto, ¡Basta! Basta de buscar excusas, de justificar accidentes viales que nos cuestan la vida, no a cifras, no a ciclistas, no a mujeres, sino a personas. Basta de justificar a conductores que deberían ser responsables de la licencia de conducir que les otorgaron, porque es una enorme responsabilidad manejar un vehículo motorizado que pesa toneladas, ni hablar de aquellos que operan máquinas gigantescas como un camión revolvedor.

¿A quiénes les están dando licencia?, ¿a personas que no son capaces de vernos?, ¿a personas que les parece natural luego de tirarte el vehículo encima decirte un irresponsable “no te vi”? ¡Su obligación es vernos!

Basta de Estados y Gobiernos latinoamericanos que continúan perpetuando un modelo y una planificación urbana en la que la ciudad es diseñada para los motorizados y no para las personas, donde lo que importa es que los automóviles puedan transitar a sus anchas y sin congestión. La calle es de las personas y la realidad es que el “no te vi”, “éste no es tu lugar”, “yo pago permiso de circulación y tu no”, nos están matando.

Los modos no motorizados tenemos el mismo derecho que quienes pagan un permiso de circulación a transitar por la calle sin temor a que nos maten, sin miedo a que no volveremos a nuestras casas, ni a ver a nuestras familias.

Mi mayor y sentido pésame a la familia de Enid Yoselin García Aguilar, porque este hecho sí se pudo haber evitado, más allá de los puntos ciegos, más allá de la infraestructura y más allá de las dimensiones del vehículo; cambiando la forma en que percibimos el espacio público y poniendo el acento en las personas, desarrollando campañas de concientización vial y contando con políticas de movilidad urbana con “visión cero”.

Por mi parte y me atrevo a representar la voz de muchas de mis compañeras y mujeres ciclistas de la Red Latinoamericana de Mujeres en Bicicleta, les prometo que seguiremos adelante en esta lucha, de exigir a las autoridades una política global que privilegie la vida de las personas y no el tránsito de los automóviles.

About The Author

Daniela
Periodista

Ciclista urbana que cree en la bicicleta como una herramienta de cambio para ciudades a escala humana. Periodista apátrida, con síntomas de una dislexia no diagnosticada y editora general de New Indie.

One Response

  1. Guille Parisi

    Los ciclistas deberíamos, al igual que toda persona q circula por una calle, conocer normas básicas, entendiendo q las mismas son acuerdos sociales acerca de por donde ir y por donde no ir. Esto no tiene q ver con un disciplinamiento ovejuno sino más bien con entender que existen prioridades que nos cuiden que no nos pisemos y cuidan a la gente que sobre todo anda de a pié. La foto de la portada es más q elocuente, NO SE PUEDE pasar por la derecha a ningún vehículo y muchísimo menos a un transporte público porque sube y baja gente por ahí, ¿se entiende?. Las normas de tránsito existen, aprendámolas y luchemos para que sean más seguras para todos.

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