En relación a la discusión del teleférico que uniría Providencia y Huechuraba, el anuncio de la futura Línea 7 de Metro, el proceso de licitación de las bases del Transantiago, el corredor de buses de Vicuña Mackenna, entre otras controversias, el tema de la movilidad y su relación con la ciudad y sus ciudadanxs empieza a tener relevancia en la agenda pública.

Sobre todo en el contexto de la discusión de las campañas presidenciales, donde hasta el momento solo se ha señalado la falsa disputa entre los metristas y los busistas (o la visión de derecha versus la visión izquierda), lo que al final del día deja de ser relevante al momento de discutir seriamente la urgente necesidad de incluir algunas apreciaciones desde el punto de vista del género; el que hasta ahora ha sido un aspecto pasado por alto, tanto por planificadores como por autoridades.

En este sentido, lo primero que hay que destacar es que la máxima autoridad del Ministerio de Transportes es una mujer, esto porque parte importante de la economía que mueve al país –y que está invisibilizada- es la economía del cuidado que brinda la mujer y que implica desplazamientos para, por ejemplo, ir a dejar, buscar o visitar a alguien, o ir de compras. De acuerdo a esto, se podría hablar de una movilidad del cuidado que no está considerada en la elaboración de ningún plan de transporte.

Algunas cifras que justificarían la incorporación de esta nueva mirada, las proporciona la Encuesta Origen Destino (EOD 2012), que evidencia que las mujeres hacen un 7% más de viajes que los hombres en un día laboral, mientras que en hogares donde hay un solo auto, el 41% de los hombres es el que lo utiliza, versus el 25,7% de ellas. En tanto, donde no hay automóvil, estas hacen el 50% de sus viajes diarios caminando.

Si hablamos del Metro, el medio que ha hecho noticia por sus extensiones, tristemente resulta ser más masculino: el 4,6% de sus usuarios son hombres, contra un 3,8% de mujeres que en horas punta pueden llegar a evitarlo por ser poco amable, por ejemplo, con quienes andan con sus hijos en coche (*).

Estos son detalles relevantes que las políticas de movilidad deberían considerar a la hora de diseñar recorridos y paraderos de autobuses y, en el caso del Metro, la llegada de estaciones a sectores como Lo Espejo y La Pintana –excluidos de los trazados-, donde muchas de sus mujeres deben desplazarse durante horas para acceder a trabajos, servicios o el comercio que no tienen a mano. 

En los temas de movilidad es donde más se evidencia la brecha de género, nosotras nos movemos y caminamos más, nos trasladamos de manera distinta y usamos mucho más el transporte público que los hombres. Por eso es una buena noticia que sea una mujer la autoridad del ministerio sectorial y también es bueno que cada vez sean más las mujeres que participan de los procesos de toma de decisión y de elaboración de política pública de movilidad, porque de una u otra manera visibilizarán que la movilidad pública tiene cara de mujer.

* Agradecimiento a Rodrigo Quijada y su aporte en el análisis de la Encuesta Origen Destino (EOD 2012).

About The Author

Isabel Serra

Arquitecta con posgrado en gestión y políticas públicas con experiencia en el diseño, gestión e implementación de infraestructura pública y en materia de evaluación de políticas públicas sectoriales. Actualmente trabaja en el Laboratorio de Ciudad y Territorio de la Universidad Diego Portales como Jefa de Proyectos de investigación aplicada y como académica de la Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño.

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