Uso un ciclocomputador con GPS para mis viajes diarios en la ciudad, en conjunto con la plataforma Strava, que me permite tener algunas estadísticas interesantes y llevar control del desgaste de componentes y mantenciones que debo hacer a a mis bicicletas

¿Qué te motivó a optar por la bicicleta como modo de transporte en tus viajes cotidianos y que beneficios te ha otorgado?
Inicialmente siento que fue porque mis destinos se encontraban dentro o muy cerca de mi comuna y me parecía una elección natural, no lo pensaba mucho  la verdad. Ya con el tiempo y los años, me fui interiorizando más en la mecánica asociada a este vehículo y también comencé a ver el ciclismo como una alternativa concreta para todos mis trayectos. Hoy, y en esta etapa de mi vida como padre, profesional y activista, prefiero la bicicleta por su reducido impacto medio ambiental y porque creo firmemente que es la solución para una ciudad que se densifica y aleja. Esto último es algo que se observa a nivel físico, con más autopistas y edificios, así como también en las relaciones entre las personas que la habitan. Moverse en bicicleta te permite preguntar a algún desconocido por una referencia rápida, pasar a comprar algo en el camino, o ir siendo testigo de las transformaciones de tu barrio y comuna.

 Si bien tuve bicicleta desde que tengo memoria, como medio de transporte partí con una que armé/recuperé. Después mi pareja se compró una nueva y me di cuenta que la mía era pésima, así que adquirí una más apropiada para la ciudad. A medida que mi nivel de engrupimiento aumento, y mis salidas comenzaron a ser más lejanas, cambie a una rutera que me hizo descubrir el ciclismo deportivo y la variedad de destinos en la Región Metropolitana que te permiten escapar del centro de la ciudad. Ahora prefiero utilizar una máquina de una velocidad para los trayectos diarios, la rutera para Fondos o Brevets y recientemente se unió a la familia una cargobike para completar mis opciones y reducir al mínimo la utilización de taxi o uber, así también me permite  ir a dejar a mi hijo al colegio y comenzar a transmitirle a él también los beneficios de esta noble máquina. 

La bicicleta es parte de mi cultivo personal, físico y espiritual, me permite alejarme de las pantallas que veo casi todo el día, ordenar mis pensamientos, concentrarme en el momento, volver a jugar en la ciudad. Desde lo práctico, y como no le afectan los tacos, me da claridad y precisión en mis tiempos de llegada a cual sea mi destino, también como soy un poco ansioso, me permite comer sin remordimientos. Un paseo al cerro post pega y ese pastelito ya no pesa tanto en la conciencia.

¿Hace cuánto tiempo te mueves en bicicleta y cuáles son tus recorridos habituales?
Como modo de transporte, la usé frecuentemente mientras estudiaba mi carrera y para mi trabajo part-time de ese tiempo, hace ya unos 19 años. Después de eso, la abandone un poco e incluso me convertí en un motorizado más, materializando esta mal educada aspiración del auto propio. Al poco tiempo, y viendo el impacto en mi calidad vida, donde mi bolsillo bajó y mi guata por el contrario creció, me di cuenta que iba a ser el típico computín gordito, y más encima pobre, así que la desempolvé y comencé una nueva etapa de relación con la bici. Sigo siendo medio pobre, y también medio gordito, pero al menos feliz.

 Mis lugares comunes son el trayecto casa-pega-casa, desde Ñuñoa hasta Santiago Centro, en el barrio República. A eso se suma cualquier salida corta de trámite o compras que tenga que hacer y complemento algunos fines de semana con la rutera y viajes que pueden ser alrededor de Santiago o fuera del radio urbano.

 En general mis rutas son poco innovadoras. Como buen cuadrado que soy, no me gustan mucho las sorpresas en el camino, pero por otro lado, y tratando de combatir el envejecimiento neuronal, intento ir modificando mi itinerario en el tiempo para tener distintas alternativas de viaje. En ese sentido la bicicleta me ha permitido conocer mucho mejor la ciudad de lo que me sucedió en auto; ésto último también es un mito generalizado, creer que se conoce mejor las calles detrás de un volante, cuando en la práctica el vehículo motor te aísla bastante de lo que sucede alrededor de tu viaje.

felipe-rodriguez-newindie2

felipe-rodriguez-newindie3¿Qué accesorios sueles llevar contigo cada vez que te movilizas en bicicleta? Y ¿cuál es tu estrategia para desplazarte a través de la ciudad?
Siempre luces, incluso de dia, me gusta la idea de ver y ser visto a toda hora y de “alumbrar” en el sentido figurado y literal de la palabra. Siempre se dice que los ciclistas somos medios alumbrados, y me agrada jugar con ese concepto un poco.

 También soy un poco adicto a los datos, por lo que uso un ciclocomputador con GPS para mis viajes diarios en la ciudad, en conjunto con la plataforma Strava, que me permite tener algunas estadísticas interesantes y llevar control del desgaste de componentes y mantenciones que debo hacer a los mismos para mantener mis bicicletas y mi toc en orden. 

 Todo el resto puede ser opcional, aunque intento tener un kit mas menos básico en la mochila todo el tiempo, algo que me permita salir de un pinchazo o alguna pana mecánica básica o eventualmente ayudar a alguien que pille con problemas en el camino.

¿Qué cambios propones para una mejor convivencia entre los distintos modos de transporte en la ciudad? ¿Cómo y a quiénes se podría incentivar, para promover el uso de la bicicleta en la ciudad?
Ponerse en el lugar del otro. Es algo complejo, hemos crecido en una ciudad donde se producen constantes conflictos entre los distintos modos de transporte y donde se ha naturalizado el fomento y uso del auto y la velocidad. Esto se suma a la baja fiscalización de este último componente y a políticas públicas donde siento que se desconoce totalmente la pirámide invertida de movilidad. Finalmente le agregamos la forma en que generalmente los medios masivos de información culpan a las víctimas de siniestros viales por no llevar suficientes implementos de seguridad o reflectancia, y con todo eso tenemos una receta bien mala para seguir en una senda negativa respecto a la convivencia en cualquier ciudad.

Por eso me gustaría ver medidas que nos permitan ponernos en el lugar del otro y volver a ver a las personas que están detrás de cada modo de transporte. En lo concreto, sería ideal que los personas que conducen vehículos motorizados tuviesen que pasar por la experiencia de pedalear un día en la ciudad, como requisito para obtener o renovar su licencia. Esta medida nos permitiría tener calzadas más seguras y amables, invitando a varias personas que transitan en bicicleta por veredas a abandonar ese espacio que le corresponde por derecho al peatón, y así generar círculos virtuosos de respeto y buena onda.

Hay un montón de otras cosas que se podrían realizar a nivel de infraestructura, pero siento que el cambio debe venir también de las personas, dejando de vernos como enemigos que debemos pelear por el metro cuadrado ganado y comenzar a compartirlo. La ciudad después de todo es nuestra, de las personas, y tenemos la capacidad de pedir que se nos vuelva a priorizar.

 Mi receta personal es no enganchar con la mala onda, algo que puede ser complicado cuando te toca pedalear en una ciudad donde el estrés y conflicto se te presentan de manera constante, pero que en la práctica me ha resultado bastante bien. Soy positivo, el vaso está medio lleno, hace 10 años atrás me bocineaban o puteaban todos los días; hoy es raro que me pase algo así, se ha avanzado harto, se ven bicicletas en cada esquina, a toda hora, veamos lo que se ha hecho bien y sigamos trabajando para tener ciudades a escala humana.

 

Felipe Rodríguez Perales
SysAdmin/Informático
36 años
Ñuñoa, Santiago – Chile

 

 

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