Luego de la primera experiencia y tras la despedida del modelo Flamingo, vuelvo a Mi Bicio, donde decidimos saltar al ejemplar más pequeño, llamado Carry Me. Fácilmente confundible con un monopatín, este prototipo sorprende por lo compacto de su estructura, su plegado y fácil manipulación.

A diferencia de la bicicleta anterior, con ésta me doy varias vueltas de prueba cerca de la tienda para acostumbrarme a su punto de estabilidad, para lo que me aconsejan mirar lejos y concentrarme en el horizonte, ya que al observar sus pequeñas ruedas, se pierde un poco el equilibrio. Luego de practicar por el sector y las clases de plegado, al igual que con la anterior, emprendo rumbo hacia la ciclovía de Marín.

Las subidas y bajadas a la calzada se sienten más duras que la anterior, tomando en cuenta que ésta es aro 8″, por lo que no sólo se sienten los “eventos” sino todo desnivel o irregularidad del camino. Aunque con un andar un poco más nervioso, me imagino que esta bicicleta es ideal en un campus o recinto corporativo, donde los pavimentos son parejos y las distancias cortas, no más de 2 o 3 k.

Sin mucho recorrido aún, me cuesta pasar los cambios 1º y 2º, ya que se activan golpeando el brazo donde va el pedal, lo que requiere de coordinación y práctica. Justo en ese momento me llama mi socia para ir a comprar telas a Independencia y coordinamos quedar en una esquina, así que pliego la bici y me subo al jeep como quien anda con un bolso de gimnasia. Tomando en cuenta la realidad nacional frente a la seguridad de las bicicletas, poder llevarla contigo es un gran beneficio de las plegables.

Luego de dejar las compras me acercan en automóvil a mi próximo destino y una vez en Providencia, tomo el metro hacia mi lugar de trabajo. Esta vez ni siquiera tuve que usar la funda, simplemente la plegué y llegué sin problemas al andén. La salida también fue más fácil, considerando que pesa sólo 8 kilos, 4 menos que el modelo anterior.

Después de esta auspiciosa experiencia en el metro, volví a subirme a la bici pero ahora decido tomar la calle para llegar a mi próximo destino. Sintiendo cada grieta, piedra y “evento” que se presentaba, el andar se hizo incómodo y, aunque preferiría no confesarlo, hice la prueba de subirme a la vereda, esperando que fuese mejor, pero la textura propia de los pastelones no me dio la razón. Es una bicicleta que en una calle o ciclovía bien pavimentada anda bien, pero en una ruta improvisada la experiencia cambia bastante, ya que la constante vibración es un factor de tensión importante.

Finalmente, llego a la última reunión del día en mi bar amigo y noto que llama mucho la atención, podríamos decir que es un tremendo accesorio para entablar conversaciones espontáneas, que dicho sea de paso, me sacó más de una sonrisa. Termino y vuelvo a casa, un poco aliviada de que era mi última jornada con ella, ya que tiene límites de distancia y ruta, lo que para mí fue un factor que complicó la jornada.

 

plegables

 

De vuelta en Mi Bicio, esta vez muy emocionada ya que sabía que me pasarían una joyita: la IfMove, modelo que tienen en la vitrina de la tienda y que a todas luces no es sólo una plegable, sino un objeto de diseño.

Hecho el cambio hacemos lo que a estas alturas ya es la tradicional clase de plegado, donde para mi sorpresa, no eran varios pasos a seguir sino un sólo movimiento y Zas! El 80% del proceso de plegado listo. Fue distinto, como aprender un paso de baile, cuidando el movimiento y el ritmo. Y como todo baile nuevo, toma un tiempo soltarse.

Después de la clase me tocó la vuelta de prueba que, al igual que la anterior, tenía un truco: el manubrio descansa sólo a un lado de la rueda delantera y el apoyo trasero es en el lado contrario, por lo que puede costar un poco encontrar el centro y acostumbrarse a los giros.

Algunas vueltas después, me lanzo a mi día por la ciclovía de Marín. La primera impresión: ésta no es una plegable, es una bicicleta. Sigo el trayecto, llego al taller y mis compañeros salen a mirar el modelito, que capta el ojo de los atraídos por su diseño. La muestro, la pliego y me enamoro de ella.

Planifico mi día con total naturalidad, hasta que me enfrento a la cotidianidad de pasar al supermercado, el dilema: ¿dónde dejarla de manera segura? Tomando en cuenta de que en este momento tengo un candado con clave, lejos de ser un sistema de seguridad apto para cualquier bicicleta que cueste más de $50 mil, evalúo la situación y continúo hacia mi casa. Luego de ese impasse, organizo mi ruta con el factor de seguridad en mente, el que raramente utilicé con mi bicicleta casi jubilada. Ahora entiendo a mis amigos, para quienes su primera preocupación a la hora de salir es dónde dejarla. Quizás es un tema de costumbre, un ejercicio mental al que uno llega, pero para mí fue un nuevo tema que tenía que incorporar.

En general, esta plegable funciona bien por ciclovías y calles sin problema alguno, comportándose como toda una bicicleta. Decido llevarla al metro para probarla y compararla con los otros modelos, pero aunque plegada era muy fácil de llevar, el guardia no me permitió entrarla sin funda. Lo que, si bien, podría ser solucionable, éste no es un accesorio incluido como en los otros prototipos.

Al otro día voy a dejar la bici con sentimientos encontrados, con ganas de probarla un poco más, pero recuerdo que el experimento terminó y que debo volver a casa, regresar a la realidad.

Después de este ejercicio, me tomé unos días para decantar las experiencias y volver a tomar el lápiz, esta vez no para anotar las observaciones del día a día, sino para escribir con más distancia. Nuestras vidas son distintas y requieren diferentes cosas, por lo que mis apreciaciones son a modo personal y en el contexto de mi rutina.

De las 3 plegables probadas, la que menos se adecuó a mis rutas y necesidades fue la Carry Me, la veo funcionando bien en otros escenarios, con las restricciones de distancia y calidad de pavimento. Respecto a las otras dos, aunque la IfMove me robó el corazón con su diseño y andar, fue la Flamingo la que sentí que realmente se podía acomodar y acompañarme en mi día a día, proporcionándome el equilibrio entre una plegable y una bicicleta.

Como dije antes, esta es mi experiencia, pero motivo a todos a probar distintos tipos de bicicletas. Es mucho lo que se aprende y quién sabe, quizás en el modelo que menos imagines, puedas encontrar a tu nueva compañera.

 


 Estas variables están directamente relacionadas a la experiencia particular de la autora de este árticulo. Sus formas y necesidades de movilidad.

About The Author

Sole
Arquitecta

Arquitecta | Master in #Sustainability @UmeaUniversitet | Docente @ArquitecturaUDD | Secretaria @CAJ_CoArq | Tengo Fonasa, soy peatona y ciclista.

One Response

  1. Oscar Godoy

    Hola! has probado la Brompton? yo la uso desde hace 12 años, la compre en barcelona, españa, y me ha acompaño por distintas ciudades de europa, y a mi vuelta a Santiago me la traje, entro al metro (obviamente no en hora punta) y su plegado es muy compacto, y la puedes llevar tambien como una maleta carry on.
    Parezco vendedor de la Brompton, pero es que ha sido mi compañera diaria de viaje en la ciudad. altamente recomendable

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