¿De dónde vienen los accidentes de tránsito?

En estos días, nuevamente se está discutiendo la ley Emilia, ley que busca aumentar las penas a los conductores que atropellan y dan muerte a terceros producto de la ingesta de alcohol. Pero en la discusión de esta ley ha estado ausente la pregunta fundamental: ¿Con esta ley disminuirán los accidentes de tránsito? ¿Y las muertes? ¿En cuánto?

Seamos bien fríos en el análisis: el alcohol, presente en peatones o conductores, tiene un rol en el 14% de los accidentes de tránsito con resultado de muerte. Con bombos y platillos se anuncia que gracias a la ley de tolerancia cero se han reducido en un 28% los muertos por accidentes de tránsito producto del alcohol en los últimos años, pero la autoridad nunca ha entregado el número global. Y es que la reducción total ha sido solo del 4% de los muertos en accidentes de tránsito. Al menos desde mi punto de vista, la ley de tolerancia cero es un completo fracaso como política pública porque falló desde el diagnóstico.

Pero la razón de la baja reducción de muertes del plan tolerancia cero se puede deber a que en Chile tengamos pocos accidentes, y es que el índice de muertes en accidentes de tránsito chileno es el más bajo de la región. Lamentablemente, en Chile la muerte por accidente de tránsito se contabiliza solo si ocurre 24 horas después del accidente, en el resto del mundo se consideran 30 días. Es decir, no nos podemos comparar con el resto del mundo.

Entonces… ¿A qué se deben los accidentes de tránsito en Chile? Por lo menos en el 40% de las muertes por accidentes de tránsito está presente el exceso de velocidad. Si pensamos que las velocidades máximas en Chile son altas: 60 km/h en zonas urbanas (que en la práctica son 65 km/h pues se dan 5 km/h de margen de error por el instrumento de medición) y 120 km/h en autopistas y carreteras, me atrevería a apostar que en el 100% de los accidentes de tránsito con muerte el vehículo iba a más de 50 km/h en zona urbana o 100 km/h en autopista o carretera, pero lamentablemente esa información no existe.

¿Por qué digo esto con tanta seguridad? Primero debemos considerar que la velocidad es lo que más afecta la intensidad del accidente: a mayor velocidad, el accidente es más grave. Con el estándar chileno de 65 km/h, al atropellar un peatón hay un 85% de probabilidad de que este muera y un 15% de que salga herido de gravedad. Mientras que a 50 km/h (el estándar hasta el 2002), al atropellar a un peatón hay un 45% de probabilidad de que muera, 50% herido o 5% ileso; pero si la velocidad máxima fuera de 30 km/h solo el 5% de los peatones moriría.

Además, la diferencia de la distancia de frenado entre 65 km/h y 50 km/h es de más de 10 metros. Es decir, ¡el conductor tiene 10 metros extra de reacción! Y si pensáramos en 30 km/h el conductor tendría 25 metros extra de reacción para frenar.

Y por si todo esto fuera poco, existe algo llamado “efecto túnel”, que dice que a mayor velocidad el rango de visión lateral disminuye. Es decir: a mayor velocidad, veo menos. A 65 km/h solo es posible ver 70° mientras que a 30 km/h la visión es de 105°.

Pero aun así, alguien puede vivir apurado (cada vez más normal en el Chile moderno) y quizás piense que por ir “más rápido, llegaré mucho antes”, pero si va en la carretera la diferencia de manejar a 65 km/h vs. 50 km/h son solo 15 minutos por cada hora de viaje y en zonas urbanas esta diferencia es solo de 4 minutos por cada hora de viaje.

En resumen, aumentando la velocidad es más probable que haya muertos en accidentes de tránsito, hay mayor distancia de frenado y menor visión, por lo que hay más accidentes de tránsito y más muertos por accidentes de tránsito, y por otro lado hay una disminución de los tiempos de viaje marginal ¿Por qué se subió la velocidad máxima? Es algo que hay preguntarle a Evelyn Matthei y a Jovino Novoa, quienes el 2002 presentaron el proyecto en el senado. Probablemente la ley con más sangre en el Chile del siglo 21.

Que no se piense que creo que la ley Emilia no es necesaria, al contrario. Creo que quienes manejan automóviles en estado de ebriedad son asesinos. Y creo que si en verdad se quieren disminuir los accidentes de tránsito y sus muertos, lo correcto es reducir la velocidad de nuestras calles, carreteras y autopistas (la diferencia entre carreteras y autopistas es que las últimas tienen segregados a los peatones de los automóviles).

Siendo bien puntual, creo que en nuestras calles la velocidad debiera ser de 30 km/h o 50 km/h dependiendo del tráfico peatonal (política que se está impulsando en Nueva York y París por ejemplo), en las carreteras pasar de 120 km/h a 80 km/h y en las autopistas a 100 km/h. Con una propuesta como esta, voluntad política para llevarla a cabo y fiscalización, podremos tener nuestras calles libres de accidentes.

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Paulo Jaramillo

Peaton cojo, pedalero de calle, Freddy Turbina es mi copiloto, la Fili es mi perra, la Bici es mi instrumento político.