Indudablemente una de las principales barreras de comunicación es el idioma. Es por esto que a través de la historia han sido varias las propuestas de un idioma universal. El esperanto es el más famoso entre una decena más, pero ninguno ha tenido éxito. Aunque pareciera una utopía que todos nos entendamos, sí existe un lenguaje: el idioma claxon.

La invención de la bocina tuvo como objetivo prevenir accidentes. Un sonido de la bocina significaba “maneje con precaución amigo, puede sufrir un accidente más adelante”. Pero como todo lenguaje, éste ha mutado en el tiempo. Por ejemplo, cuando estas manejando y quedas en la primera línea de un semáforo, pero tardas en notar que cambió a verde, dejas pasar unos segundos y ¿qué pasa? El automovilista de atrás se comunica en idioma claxon. “Apúrate tal por cual, que ya cambió la huea”. Sin importar el país o la cultura, el significado es el mismo.

Veamos otro uso. Cuando vas andando en bicicleta y un automóvil decide adelantarte, amablemente te avisa con un bocinazo que en idioma claxon se interpreta como “Córrete de acá ahueonao que la calle es mía”. Nuevamente, una comunicación universal.

Como todo lenguaje, también tiene su expresión de acoso, el que está particularmente diseñado para las mujeres. Un sonido de la bocina significa un claro “Guachita rica, te violaría”. Cualquiera sea el país de origen de la mujer, la interpretación y el posterior miedo por la amenaza lo sufrirá.

Pero aun cuando el lenguaje claxon es universal, existen intérpretes de él, quienes suelen pensar que los peatones necesitan de sus servicios. Por ejemplo, si un peatón a juicio del automovilista va demasiado lento, primero se comunica con la bocina “¿Pa que salí de la casa si apenas caminai conchatumadre?”, pero no conforme con entregar el claro mensaje en idioma claxon, también lo vocifera a alta voz “no tengo todo el día poh ahueonao”.

Volvamos a cuestionarnos si este idioma es capaz de prevenir accidentes. Dadas las altas velocidades que alcanzan hoy los vehículos motorizados, el chofer no es capaz de reaccionar para accionar la bocina cuando siente que va a ocurrir un siniestro vial, mucho menos el otro conductor para reaccionar al sonido. Así, el uso de la bocina se limita a los momentos después del siniestro vial si fue leve o en el mejor de los casos a un casi siniestro. Esas veces la bocina grita un reconocido sonido más largo del habitual “ten cuidado poh tal por cual, que casi me chocai”.

Pero seamos claros, el idioma claxon no previene siniestros, no acelera el tráfico, es muy ofensivo y agresivo, molesta a los vecinos, fomenta la violencia vial y genera estrés entre varios otros problemas. No se entiende por qué la Ley de Tránsito obliga a todos los automóviles a tenerlo. Debería estar prohibido. Pero apelo a ustedes, que leen esto y tienen conciencia: ¡Por favor, no toquen su bocina!

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Paulo Jaramillo

Peaton cojo, pedalero de calle, Freddy Turbina es mi copiloto, la Fili es mi perra, la Bici es mi instrumento político.

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