La caminata o la bicicleta, nos recuerdan que hay formas de resistir al paradigma de consumo y velocidad que nos alejan de las formas de habitar propias de nuestra humanidad

¿Qué te motivó a optar por un modo de transporte no motorizado en tus viajes cotidianos y que beneficios te ha otorgado?
Empecé a moverme en bicicleta a todos lados, cuando vi que los santiaguinos lo hacían con frecuencia. Yo soy originario de Quilpué y en ese entonces me movía en micro entre dicha ciudad, Viña del Mar y Valparaíso, a través del relieve abrupto de la costa, por calles estrechas, violentas y de alta velocidad. Por lo que en ese contexto, jamás se me pasó por la cabeza que era posible hacer una vida cotidiana en bici.

Cuando me mudé a vivir a Santiago, para ir a la universidad me encontré con un panorama muy estimulante para pedalear, buen clima, terreno prácticamente plano y, sobre todo, ver que mucha gente lo hacía con confianza y soltura, llevando una existencia mucho más feliz que lo que vi en el transporte público. Así que desempolvé la bici y me lancé a pedalear, conociendo en profundidad esta bella ciudad y permitiéndome vivir el cambio positivo más grande que he tenido en mi vida.

¿Hace cuánto tiempo te mueves en un modo no motorizado y cuáles son tus recorridos habituales?
Hace cuatro años y medio que me muevo en bicicleta. Mis recorridos suelen ir entre mi hogar, mi universidad (ahora mi lugar de trabajo es en el centro de Santiago) y mis actividades de ocio, casi siempre trazando rutas por calzadas y ciclovías de Ñuñoa, Santiago Centro, Providencia, Recoleta e Independencia.

¿Qué accesorios sueles llevar contigo cada vez que te movilizas en tu medio no motorizado? Y ¿cuál es tu estrategia para desplazarte a través de la ciudad?
Siempre uso un par de reflectantes en mis tobillos, casco (en invierno más que en verano debido al calor), luces delantera y trasera, mi ulock, guantes y una alforja que se transforma en mochila muy fácilmente y que engancho en la parrilla de mi bici. En la alforja llevo cosas que necesite en el momento para mis actividades y un chaleco reflectante por si las luces fallan o voy por lugares muy oscuros o rápidos.

Un interés y habilidad que tengo desde chico es la de observar mapas y ubicarme instintivamente en el espacio, así que siempre me entretengo trazando mis nuevas rutas para luego conocerlas en bici. Cuando voy en la calle señalizo al virar y trato de ser previsible en lo que hago, tratando de leer adecuadamente y con personalidad las situaciones que me voy enfrentando en la calle. Para eso, el mejor sentido corporal que tenemos desarrollado los ciclistas es el de la audición, te da un panorama más o menos claro de lo que ocurre a tu alrededor en 360°, lo cual es una ventaja que no tienen otros transeúntes y deberíamos aprovecharlo al máximo para movernos con seguridad, así que para mí está totalmente prohibido ir escuchando música en la bicicleta.

cristobal_ibarra-newindie2

cristobal_ibarra-newindie3¿Qué cambios propones para una mejor convivencia entre los distintos modos de transporte en la ciudad (motorizados y no motorizados)? ¿Cómo y a quiénes se podría incentivar, para promover el uso de modos de transporte no motorizados en la ciudad?
La convivencia está dada por la empatía que nos tenemos unos con otros. El transeúnte de por sí es un ser anónimo de difícil lectura, cuerpos que se mueven y que no conoces quiénes son ni a dónde se dirigen, pero que igualmente interactúan entre ellos y se expulsan mutuamente por el control de la calle y los espacios públicos.

La transformación neoliberal ha hecho que la cultura de este país entienda de una manera bastante brutal la propiedad privada y la privacidad, expresada también en la poca empatía con el otro en las calles, cada uno apropiándose de ella sin un sentido de comunidad. Los modos de transporte no motorizados, como la caminata o la bicicleta, nos recuerdan (y a los motorizados también) que hay formas de resistir al paradigma de consumo y velocidad que nos alejan de las formas de habitar propias de nuestra humanidad, por lo que mi propuesta es que simplemente estas formas de movilidad sean más visibles, organizadas y disruptivas para hacer frente al paradigma automotriz privado.

Al mismo tiempo, los que nos movilizamos de forma no motorizada debemos ser más empáticos, no sacamos nada con decir que mi estilo de vida es mejor que el tuyo, sino que tenemos que aprender a ponernos en el lugar del otro. Lección para todos si desarrollamos un incentivo serio a la multimodalidad y que con educación podamos sentir lo que vive cotidianamente un automovilista, un camionero, un pasajero, un ciclista, un peatón o un discapacitado; desarrollaríamos empatía por el otro cuando incorporamos su realidad a nuestra experiencia y aprendemos que no sólo hay una forma de movernos, tenemos un abanico de posibilidades y hay que racionalizarlo para superar la alienación en nuestra movilidad.   

Cristóbal Ibarra Guerrero
Antropólogo
23 años
Santiago, Chile

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