Es interesante revisar un caso donde confluyeron todos los factores ideales para concretar un proyecto cicloinclusivo de gran magnitud en Santiago de Chile y poner atención sobre las falacias que surgieron en oposición al mismo.

Construir infraestructura pública enfocada en el uso de la bicicleta siempre ha sido asunto controvertido entre vecinos y transeúntes en general; casi nadie queda indiferente a los cambios en la vialidad pública, y menos cuando se agrega un elemento que no estaba anteriormente disponible en la calle, lo que nos lleva a tomar rápidamente una posición al respecto. Aun cuando haya algunas zonas de la ciudad que llevan años implementando planes de infraestructura cicloinclusiva, con sus vecinos ya acostumbrados a este tipo de iniciativas y comprobando que en general producen beneficios positivos, todavía es frecuente que surjan argumentos en contra de estas infraestructuras, amparados en falacias y creencias que se convierten en un espacio de diálogo no constructivo para mejorar la movilidad en general.

Todas las comunas, pueblos y ciudades tienen avenidas principales y de alto flujo de vehículos motorizados, las que significan quizás el mayor reto si de instalar una nueva ciclovía se trata. Por lo que es interesante revisar un caso donde confluyeron todos los factores ideales para concretar un proyecto cicloinclusivo de tal magnitud en Santiago de Chile y poner atención sobre las mismas falacias que surgieron desde la opinión pública en oposición al mismo, de tal forma de que a futuro puedan argumentarse mejor la realización de otras iniciativas de similares características. 

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El pasado 18 de julio de 2019, luego de varios años desde el anuncio original, la Municipalidad de Providencia y el Ministerio de Transportes anunciaron el plan definitivo para hacer una ciclovía en la avenida Eliodoro Yáñez, una de las calles principales de dicha comuna. A comienzo de este año se realizó un piloto que fue muy criticado por la prensa, pero en la práctica funcionó muy bien, de manera que se escucharon voces en contra y voces a favor. El proyecto estuvo parado desde entonces hasta que, pocos meses atrás, la Municipalidad de Providencia anunció que el proyecto iba: la ciclovía sería por la derecha y no eliminaría pistas de motorizados, sino que las haría más angostas con el fin de de disminuir la velocidad efectiva de la calle. Hasta aquí suena bien, pero para cumplir con esto se debía contar con la aprobación del Ministerio de Transportes. Éste indicó que se harían los estudios necesarios y anunciaría si debía hacerse cambios y no se tuvieron más noticias hasta el anuncio del 18 de julio.

Este anuncio trae muchas emociones encontradas. Por un lado, muchos celebran que al fin se concrete este proyecto, muy necesario en una calle donde la gente que pedalea se siente amenazada, provocando que la gente pedalee por la vereda. Por otro lado, viene acompañado de dudas sobre su diseño: ¿Por qué se haría por la izquierda? ¿Por qué se hace pasar de izquierda a derecha después de Miguel Claro? Al ser unidireccional, ¿qué se hará con el flujo inducido de ciclistas? Supongo que serán temas que veremos en los próximos meses.

Por otro lado, todavía no hay una sola línea pintada de esa ciclovía, tampoco hay un trazado definitivo. Todavía no existe una fecha para que se comience a construir, pero cinco minutos después del anuncio comenzaron a escucharse y leerse los mismos argumentos que se esgrimen desde hace años en contra de cualquier tipo de  ciclo-inclusión. Vamos a desmitificar algunos de estos:

“Los ciclistas deberían pagar permiso de circulación”. Esta frase tiene varios argumentos dentro. Primero, muestra como una injusticia que los automovilistas tengan que pagar y los ciclistas no. Pero ese permiso, en la práctica, es un simple impuesto que se puede cobrar a los automovilistas pues seguirán conduciendo a pesar de tener que pagarlo. En donde se ha tratado de cobrar a los ciclistas la experiencia indica que que se gasta más en cobrar que lo que se recauda, además de generar una disminución del uso de la bici. Lo segundo es que asocia el pagar con ser dueño de la calle. La gente olvida que las calles no pertenecen a nadie, son de todos. No estás comprando la calle ni el derecho a andar por ella. El permiso de circulación tampoco alcanza a pagar los costos de la calle. Ese costo lo pagamos todos juntos, andemos o no en auto.

“En vez de hacer una ciclovía en [ponga aquí su vía principal favorita] podrían hacerlo por las calles secundarias”. Este siempre va junto con decir que es para su propia protección porque en esas calles hay menos autos. Pero se olvida que hay menos autos porque,justamente, esas calles son menos directas, con rodeos o simplemente no hay vías alternativas. La gente en bici usa su propia energía para moverse, por ese debe ser más eficiente y usar las vías más directas. Hacer que den vueltas o se desvíen siempre provoca que un porcentaje de gente use la vía directa, pero por la vereda. 

Los ciclistas son prepotentes/mal educados/antisociales/irresponsables y no cumplen las leyes”. Aquí solo me salen preguntas: ¿Insinúan que todos son así? ¿Qué estudio muestra esto? Si fueran todos, ¿no existirá algo estructural en la ley que provoque esto? ¿Esto es razón para no crear infraestructura que proteja la vida de ellos? ¿No deberíamos crear infraestructura y además mejorar la educación vial? 

Las ciclovías generan taco”. Creo que este siempre me causa risa. Pareciera que los mismos que hoy se quejan por el taco y que exigen agrandar las calles ahora piensan que todo está bien y que una ciclovía traerá el caos. El taco es hoy. Las vías como Eliodoro Yáñez ya están colapsadas de vehículos particulares. Te puedes demorar fácilmente una hora en recorrer los escasos 3km de Eliodoro Yáñez en hora punta hoy, pero es una ciclovía la que traerá el caos. 

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Nadie anda en bici en invierno, sólo perderemos espacio”. En Amsterdam y Copenhague, donde el clima es más adverso que el nuestro, más del 40% de los viajes se hacen en bici. Ya, pero  “Santiago no es Holanda”. Es cierto, pero aunque en en invierno se nota una disminución de ciclistas, hoy ciclovías como la que va por la calle Ricardo Lyon, están llenas hasta en invierno. De hecho, en invierno puede ser más agradable pedalear pues no hay un sol abrasador quemándote y no transpiras al pedalear. 

Crear cicloinclusión es populista. Lo hacen para ganar votos”. Esto también me hace sonreír. Hace unos años prometer cicloinclusión era tirarse encima a la prensa y la opinión pública. En un país donde se venden 30.000 autos al mes y se considera como un signo de progreso, hablar de cicloinclusión no te hace transversalmente popular. Hoy el panorama es distinto y los alcaldes se están viendo obligados a crear la infraestructura necesaria. La pregunta no es si deben hacerla o no; es si la harán bien o mal.

Para terminar, quería contarles algo que me pasó hace varios años. Un mes después de la creación de la ciclovía por la calle Ricardo Lyon estaba almorzando en un local, cuando detrás de mí dos personas conversaban y una le dijo muy enojada a la otra: “Antes Lyon funcionaba muy bien, pero desde que quitaron una pista de autos para dársela a las bicicletas, sólo hay taco”. Me sorprendió pues esa ciclovía se hizo quitando estacionamientos, sin tocar ni una sola pista de circulación. Pero la gente no habla de la realidad, habla de sus miedos. Hoy Lyon es una ciclovía consolidada, incluso un poco colapsada. La cantidad de gente que se mueve en hora punta es comparable a la que se mueve en auto. Hoy nadie pide quitarla, nadie dice que la culpa del taco es la ciclovía. Eso mismo va a pasar con la ciclovía de Eliodoro Yáñez; la gente se calmará, luego la aceptarán como parte del paisaje, y muchas personas podrán pedalear. Con cada proyecto nuevo la gente se irá acostumbrando y poco a poco estos mitos se dejarán de repetir.

About The Author

Alejandro Vera

Soy ingeniero en computación y me apasiona el encontrar maneras de transformar Santiago en una ciudad más amable con sus habitantes. Fundé Recicleta para llenar de bicicletas las calles, porque una ciudad con más bicicletas es una ciudad con menos contaminación y más sustentable.

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