Caminar es una de las mejores cosas que he aprendido a hacer. Cada caminata la disfruto mucho, pienso, conozco, reflexiono, me entretengo, me libera, me hace bien y me dispersa. Siguiendo la tesis de Fréderic Gros, la personalidad de una persona indica su forma de caminar. Yo soy disperso y mi caminar es disperso.

Cada vez que camino, aunque sea por la misma calle, me gusta fijarme en un detalle que no había notado antes. La forma de una reja, la mirada de alguna persona, incluso, las manchas de un ladrillo. Todo eso me encanta. Me gusta mucho más, cuando camino en pareja y es ella, quien sabiendo que me gusta, me indica detalles que no había notado.

Otras veces, caminando me doy cuenta de cómo es la sociedad chilena, detalles que todos conocemos, pero que al caminar puedes realmente darte cuenta cómo es, de manera cruda y real. Caminando he visto la injusticia y a su primo hermano: la desigualdad, la real necesidad de educación de calidad, la violencia policial y la violencia en general. 

Todo esto es relativamente nuevo para mí. Primero aprendí a valorarlo y sólo el año pasado aprendí la forma, porque yo no sabía caminar. Sí, lo hacía para ir de un lugar a otro, pero sin ver y disfrutar mi entorno: físico, social, intelectual, político o patrimonial.

Como consecuencia de mi aprendizaje a caminar, me propuse vivir el mayor tiempo posible como peatón. Esa fue la principal razón para que eligiera el centro histórico de Santiago para vivir. Creo que es el único lugar de Chile que me permite realizar alrededor del 80% de mis viajes como peatón y que me brinda tan variada oferta de destinos. ¡Cómo lo disfruto!

Oler verdura fresca en La Vega, almuerzos en los barrios de Merced, Lastarria, Bellavista, Yungay, Patronato, Mapocho y Franklin…tantos y tantos parques, dos increíbles cerros. Tengo, al menos, un centenar de citas pendientes en el Santa Lucía, maravilloso circuito de museos que la primera vez me tomó cinco días para recorrer como corresponde, así como caer a la tentación consumista del Mercado Persa de Víctor Manuel y conocer barrios increíbles: Matadero, Matta Sur, Brasil, Yungay…y tantos otros panoramas que puedo hacer desde mi hogar, sólo caminando.

Por esto elegí Santiago, para vivir caminante.

Y no estoy solo. La última encuesta Origen Destino de Viajes (EOS) muestra que cada vez más vecinos están decidiendo lo mismo, nada menos que el 50% de los viajes de los vecinos de Santiago se realiza en modos no motorizados.

plan-santiago-centro

Por esto, el Plan Centro presentado por la Alcaldesa de Santiago, Carolina Tohá, que debutó en la calle Merced, es la mejor forma de empezar el año para quienes vivimos en Santiago y para quienes amamos caminar. Los beneficios de este plan son inmensos, desde los comerciales, de seguridad, de felicidad y de salud pero, incluso, quienes viven en barrios caminables ¡tienen más amigos, que quienes no!

Por esto, sorprende que haya oposición a este Plan, las mayores críticas han sido lideradas por un autodenominado vecino de Santiago, el concejal Felipe Alessandri.

Estimo que el escritor, poeta y filósofo estadounidense, Henry David Thoreau, nos puede dar una pista de su oposición, Alessandri dijo que: “en toda mi vida he conocido a sólo dos o tres personas que realmente conocen el arte de caminar”. En este milenio, por suerte, es muchísima más gente la que está aprendiendo a caminar, pero aún hay quienes no saben y se niegan a aprender. Justo en ese grupo está el concejal Alessandri.

Y ahí va mi consejo: no confíen en la gente que no sabe caminar y, menos aún, desea aprender.

Fotografías: OJOPARLANTE

About The Author

Paulo Jaramillo

Peaton cojo, pedalero de calle, Freddy Turbina es mi copiloto, la Fili es mi perra, la Bici es mi instrumento político.

¡Comenta!