Acarreando un bosque nuevo con empuje ciudadano

Voy atrasado. Me tomó bastante tiempo acomodar el cajoncito de madera sobre la parrilla de mi bicicleta. Siempre a última hora –me digo a mí mismo-, con más ganas que experiencia, tratando de forzar la creatividad con las amarras, por aquí y por allá, para afirmar la carga. Salgo a la calle sintiendo la pasividad mañanera de un lunes antes de un feriado nacional, interrumpida sólo por mi apurado pedaleo en dirección a Plaza Ñuñoa. Este lugar no está ni cerca de hacia dónde nos dirigimos, pero nos sirve como punto de reunión para los compañeros del Colectivo Muévete que vivimos por el sector y que aprovecharemos este día en algo distinto a lo habitual.

9:15 AM. Revisamos los mensajes del resto. La caravana principal ya comenzó su ruta desde la Estación Mapocho. Algunos grupos, incluido el nuestro, esperamos interceptarla en algún punto de su ruta en dirección sur y continuar con ella. No nos va a faltar pedaleo en el día de hoy, así que para qué correr desde el principio.

Comenzamos la ruta entonces. Pasamos raudamente a través de las calles de Ñuñoa en dirección poniente; en el camino, nos encontraremos con otro compañero cerca del Estadio Nacional, lo recogemos y lo saludamos sin bajar el pie del pedal. No hay pausas en esta mañana. El pedaleo fluye incesante hasta entrar a la comuna de Santiago Centro, recorriendo trechos grandes de la avenida Matta y la calle Arturo Prat en pocos minutos. A este ritmo, ya estamos prontamente en el Barrio Franklin con rumbo a la plaza del mismo nombre, donde esperamos encontrarnos con la caravana principal de ciclistas en uno de sus puntos de detención.

En una de las esquinas de la Plaza Franklin, cerca del límite sur de la comuna de Santiago Centro, nos encontramos con la caravana de treinta ciclistas que vino pedaleando desde la Estación Mapocho. Reconocemos entre el grupo a las compañeras y compañeros de Map8, de Indepecleta y de todas las otras organizaciones que formamos parte del Colectivo Muévete, además de integrantes de otras organizaciones ciclistas y otras personas que primera vez conocíamos –la gran mayoría-. 

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¿A dónde vamos?
Map8 ONG y la Mesa de Movilidad de Renca organizaron una jornada de “Bicilogística” para trasladar 2.000 árboles nativos, desde el vivero de la Corporación Nacional Forestal (CONAF), ubicado al sur de Santiago en las cercanías de Buin, hasta el Centro de Innovación Pro Movilidad y Medio Ambiente de Map8, ubicado en la comuna de Renca, en el extremo norte de la ciudad, árboles que serán plantados en el Parque Metropolitano Cerros de Renca.

Cuarenta kilómetros a Buin y cuarenta kilómetros de vuelta a Renca. ¡Vamos no más!
Gran Avenida se extiende delante de la caravana ciclista, atravesando por completo la comuna de San Miguel. Vamos por el medio de la calzada, con Carabineros haciendo de escoltas con sus motos y bicicletas. Como suele ocurrir, falta algo de tino de sus funcionarios al llevarnos a una velocidad considerable, pero bueno, ahí vamos en dirección sur. Fuerte y derecho.

San Miguel y La Cisterna quedan atrás. En la intersección con la circunvalación Américo Vespucio, se unen más compañeros a la caravana, al mismo tiempo que nos enteramos de otros que vienen más atrás tratando de alcanzar al grupo principal. Seguimos hacia la comuna de El Bosque por la antigua Diagonal Los Morros. Un poco más adelante tomamos un descanso para reagruparnos, mientras quienes dirigen la actividad tienen una pequeña discusión con las carabineras que guían la caravana. Ellas están apuradas para poder cumplir los horarios de escolta pactados originalmente, pero las pausas y la resistencia distinta de cada participante van a ser puntos de discordia con ellas el resto del viaje.

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La periferia del Gran Santiago poco a poco empieza a matizar el ambiente urbano con el rural, en un continuo que se prolonga hasta San Bernardo; los sitios eriazos, el Cerro Negro a un costado del camino y unas cuantas parcelas agrícolas que se intercalan con las villas de viviendas sociales y condominios privados bastante vigilados. De a poco nos acercamos al límite sur del Santiago urbano: el río Maipo y su ancho lecho, que atravesamos a través del Puente Los Morros. De aquí en adelante, el paisaje rural es el que predomina y se intercala de vez en cuando con caseríos, alamedas y uno que otro rastro de la industria agrícola y sus grandes camiones en la ruta.

Viramos por un camino hacia el poniente, en dirección al poblado de Buin, y en unos cinco kilómetros más llegamos a destino. La entrada al vivero de CONAF da paso a un bello parque con una casona medianamente destruida por los terremotos y el tiempo. En la entrada nos reciben funcionarios de CONAF y de la Municipalidad de Renca, para luego hacernos una capacitación sobre las especies que llevaremos los 50 ciclistas que llegamos a la jornada. 

Comenzamos la carga de las bicis, cada una con distintas expectativas sobre la cantidad de árboles que puedan llevar. Por mi parte, vine mentalizado para que con suerte entraran cinco o seis árboles en mi cajón, pero para mí sorpresa entraron veinte -¡veinte!- matitas de quillay, una especie que es clave para la recuperación del bosque esclerófilo de la zona central de Chile y pude llevarme veinte quillayes tan sólo en mi bicicleta. Imagínense el bosque que tendríamos si todos estos ejemplares sobreviven.

Con nuestras bicicletas cargadas de verde, iniciamos la ruta en dirección a Renca. La carga casi no la siento; todos los almácigos se mantienen apretados en el cajón y sólo me preocupo de no rozarlos mucho. No me esperaba, por otro lado, que algunas cargobikes -que fueron capaces de acarrear hasta sesenta árboles- tendrían problemas llevando esta carga tan particular; los almácigos se desarmaron un poco con la vibración del viaje, lo que provocó que algunos árboles se cayeran durante la ruta. Menos mal con el cajón no tuve problemas, ya que estaban lo suficientemente contenidos como para llevarlos intactos todo el viaje.

El Río Maipo vuelve a asomarse en la ruta, despejando la vista hacia Santiago. En el horizonte aparece la clásica nube grisácea de smog sobre la capital, una imagen deprimente y malditamente habitual para quienes vivimos en esta ciudad. Ojalá que con cada uno de estos árboles podamos darnos un respiro más aliviado de aquí en adelante, con esa esperanza estamos aquí pedaleando. A poner piernas y ánimo, que todavía queda una buena parte de Santiago por atravesar.

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Son pasadas las tres de la tarde y hace hambre; no falta quienes se tentaron y detuvieron junto a los carteles de “Hay Empanadas”, otros que se fatigaron en el camino por el sol y el esfuerzo, y más de alguno que extravió la columna principal del grupo por un pinchazo o por una carga mal estibada. Inconvenientes varios y paradas improvisadas, sumado a una escolta policial con poca paciencia, nos hicieron demorar bastante hasta llegar al otro extremo de Santiago. No obstante, de entre todo lo que nos sucedió en ruta, también apareció la buena onda, la sonrisa permanente del viaje en nosotros y la estima de la gente de San Bernardo, El Bosque, La Cisterna y San Miguel que nos saludaba y animaba. Nada es al azar; con tan solo vernos acarreando plantas entendían perfectamente qué es lo que estábamos haciendo. La bicicleta y los árboles son símbolos de algo más allá de lo puntual y trivial; son acciones necesarias, urgentes para el planeta, y la gente lo sabe.

Saliendo de San Miguel nos perdimos al tomar un atajo. ¡Pucha que es jodida la entrada al centro de Santiago! lleno de autopistas y avenidas grandes que no dejan pasar fácilmente en bici. Al final retomamos la ruta por algunas calles céntricas, mientras poco a poco la tarde se torna anaranjada y nos deja una bonita postal con la silueta de los ciclistas recortando el atardecer. Al cruzar el Puente Bulnes sobre el Río Mapocho, con la Población Juan Antonio Ríos a nuestra derecha y el Cerro Renca alzándose imponente frente a nosotros, sabemos que –ahora sí- no queda casi nada para llegar a destino.

Y así como si nada, en silencio, después de pedalear ochenta kilómetros, llegamos a descargar los árboles ordenadamente donde será su hogar temporal, antes de que sean plantados en el cerro durante la jornada del 24 de agosto. Seguramente volveremos ese día la mayoría de los que estuvimos hoy. Cómo no ver el final de toda esta hazaña.

917 árboles nativos transportados solamente en bicicletas. Entre ellos, numerosos espinos, algarrobos, quillayes, peumos, molles, alcaparras, taras, litres, maitenes y mayos, los que posteriormente se convertirán en un bosque en los actualmente áridos Cerros de Renca, en un intento por recuperar un ecosistema sumamente degradado de nuestra ciudad.

Nada más por hoy de esta locura. Nos retiramos a descansar, no sin antes pasar a reponer fuerzas con un sanguchito y un schop. Merecida pausa, compartiendo con los amigos y amigas del Colectivo Muévete; compañeres de sueños y de tantas luchas que hoy tomaron sentido y un nuevo impulso. En el pedaleo de vuelta a casa, poco a poco el grupo empieza a disgregarse. Son las nueve de la noche y abro la puerta de mi hogar. Estoy raja[1] y más feliz que la cresta, fue todo un gusto aportar con un día de trabajo en lo que creemos que es la esperanza del planeta.

La biciforestación suena como una idea tirada de las mechas[2], pero, al igual que cuando comenzamos con el pedaleo urbano, la bicicleta siempre nos muestra que lo que suena una locura no lo es tanto, que lo que parece un lugar lejano puede ser cercano y que la sociedad civil organizada tiene algo que decir y actuar desde lo más básico, dejando un gran impacto para el futuro. Si esta acción fue efectiva o no, eso sólo el tiempo lo dirá, e igualmente siempre nos acordaremos de este increíble día. Porque, al igual que les estudiantes que protestan por el cambio climático faltando a clases los viernes, hay veces en que para generar una gran cambio vale mucho más el dejar un mensaje de conciencia que la efectividad concreta de nuestras minúsculas acciones.

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[1] Chilenismo. Significa agotado, exhausto.
[2] Chilenismo. Significa que es algo irracional, una locura.

About The Author

Cristóbal
Antropólogo

Ciclista urbano que no le hace el quite a caminar o al transporte público. Antropólogo UAH dedicado a la investigación sobre la movilidad urbana y la interacción entre los transeúntes para lograr ciudades más amenas.

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