Nueva Alameda-Providencia: un proyecto que debe buscar no sólo cambiarle la cara al eje, sino también hacer justicia urbana a lo largo de éste

Hoy el debate urbano en el mundo sin duda se lo ha llevado el transporte; y en Chile, con nuevas líneas de metros, anuncios de trenes suburbanos y buses eléctricos, no estamos atrás en la conversación. Sin duda en un sistema complejo, como lo es una gran urbe como Santiago, los flujos son parte importante de las relaciones que definen su funcionamiento, pero no lo son todo, por lo que a veces preocupa cómo éstos terminan por monopolizar la discusión.

Un claro ejemplo ha sido el proyecto Nueva Alameda-Providencia, un proyecto que lleva más de 10 años de trabajo desde sus planteamientos iniciales, el cual ha contado con un concurso internacional de arquitectura, decenas de especialistas, miles de planos y años de participación ciudadana, donde miles de personas se involucraron y comprometieron con un proyecto que busca no sólo cambiarle la cara al eje, sino también hacer justicia urbana a lo largo de éste.

El devenir de este proyecto ha tenido que lidiar con tales obstáculos, donde un sistema de evaluación obsoleto lo mide sólo como un sistema vial, reduciendo la discusión pública y técnica a el lado al que abren las puertas los buses, lo que nos aleja de la complejidad y coraje con la que deben ser abordados los proyectos urbanos.

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Alameda (Estación Central)

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Alameda (Estación Central)

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Alameda (Estación Central)

La Alameda ha tenido muchas caras en sus casi 500 años de existencia. Nació en la colonia como un basural en uno de los brazos del Río Mapocho, que posteriormente fue remodelada por Bernardo O’Higgins a principios de nuestra era republicana, literalmente dibujando un boceto él mismo y re-concibiéndola como un paseo urbano con corridas de álamos. Benjamín Vicuña Mackenna, por su parte, en 1897 la extendió y reforzó como paseo, plasmándole un carácter cívico e incorporando estatuas que aún se encuentran en el parque central. No fue sino hasta el siglo XX que los vehículos comenzaron a dominar el espacio, reemplazando su carácter peatonal y de paseo por el de eje vial. Desde entonces la Alameda ha sido el eje central del transporte, tanto público como privado, de la capital. Esto por sobre su vocación, cívica, social, comercial y medioambiental.

Hoy enfrentamos nuevos desafíos y demandas que requieren transformar la Alameda en un eje ciudadano inclusivo y sustentable. Para eso hay que tener una gobernabilidad robusta y ser valientes cómo lo fueron en su tiempo O’Higgins y Vicuña Mackenna. Y si bien en virtud del perfeccionamiento de nuestra democracia ya nadie puede tener la autoridad para pasar por encima del resto, tenemos el deber de integrar todas las miradas y hacerlas confluir a un gran acuerdo ciudadano por el espacio público. Contamos con una ciudadanía organizada que también quiere ser parte de la toma de decisiones y que está cada vez más preparada para aportar e incidir en el espacio público.

Fotografía: Robert Gerstmann. Alameda 1928

Fotografía: Robert Gerstmann. Alameda 1928

Para saber cómo debiésemos avanzar es necesario definir primero qué es lo que queremos conservar, como postulan Humberto Maturana y Ximena Dávila: “cada vez que en un conjunto de elementos comienzan a conservarse ciertas relaciones, se abre un espacio para que todo cambie en torno a las relaciones que se conservan”. Dicho eso, la priorización del espacio peatonal y su vocación ciudadana ha sido el único consenso transversal del proyecto, donde expertos, autoridades y ciudadanos han encontrado, al menos en el discurso, un punto a conservar, y si seguimos la lógica de Maturana y Dávila, las cosas se debiesen cambiar en torno a éste.

Para eso debemos pensar estos ejes como un sistema flexible y resiliente que permita innovar, testear, mejorar e incluso revertir decisiones que se deben medir periódicamente, para que nunca nos olvidemos de aquello que queremos conservar, en este caso, una ciudad amable con sus ciudadanos.

Si no podemos devolverle la dignidad a la avenida más importante de la capital, qué esperanza tendrán todos los ejes viales a lo largo del país de poder poner en valor sus propios hitos urbanos mediante inversiones que refuercen su identidad y potencial como espacio público.

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Sole
Arquitecta

Arquitecta | Master in #Sustainability @UmeaUniversitet | Docente @ArquitecturaUDD | Secretaria @CAJ_CoArq | Tengo Fonasa, soy peatona y ciclista.

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