Creciendo en compañerismo y autonomía

Siete de la mañana y el centro de Santiago se ilumina con el tono azulado del amanecer, los transeúntes son escasos y el silencio permite escucharnos con claridad durante nuestro pedaleo.

En la esquina de la calle Agustinas con el pasaje Elías Fernández Albano, a escasos metros de la Panamericana, nos juntamos con los dos primeros niños, Fabricio y Paul; con ellos partíamos nuestro recorrido en busca del resto de sus compañeros para llegar juntos a la escuela en bici.

Ellos me cuentan que usualmente se van caminando, lo cual es lo más simple ya que la escuela les queda cerca, se encuentra en la calle Rosas, a cuadra y media hacia el poniente de la carretera, y muchas veces por su cercanía estaban acostumbrados a llegar al filo de la hora de ingreso. En cambio, ahora se despertaban con un ánimo muy distinto para empezar el día escolar; eran capaces de estar en la calle mucho antes de la hora habitual, para vivir la experiencia de llegar pedaleando a clases.

 

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“A la Escuela en Bici” no es sólo una iniciativa educativa para que los niños se sientan seguros y puedan manejarse en el juego de la calle, sino que también logra resaltar el sentido de compañerismo y el trabajo colectivo, disfrutar la conversación en la ruta y aprender de la protección mutua ante los diferentes desafios que los santiaguinos nos enfrentamos al trasladarnos dentro de la ciudad, sobre todo al iniciar su jornada laboral.

A medida que se van sumando niños al grupo, ya vamos pareciendo una pequeña masa crítica de niños con cotona, que deambula por calles de los barrios Brasil, Yungay y Balmaceda, entremedio de autos y furgones escolares, chicos que conversas, guardan silencio, se ríen, bostezan, chocan entre ellos o hacen pequeñas locuras que sólo a los niños se les ocurriría hacer con tanta libertad, en lugares tan bravos como las calles San Pablo o Mapocho en hora punta. A veces nos cuesta mantener el orden, pero los niños parecen entretenidos, pese al sueño, aprenden rápido, siguen las instrucciones que les damos y replican las señalizaciones que hacemos los monitores.

 

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Este paseo se vuelve una clase real de educación vial en terreno, aprendiendo también habilidades que sólo se consiguen experimentando; lidiar con automovilistas impacientes y peatones apurados, ciclovías inconexas, calles en mal estado y, algo no menos importante, conocer rutas que les pueden servir a futuro, cuando ya sean más autónomos.

Integrar el uso cotidiano de las bicicletas en niños de estas edades, ayuda especialmente para que crezcan en su autonomía, sabiéndose capaces de cuidarse a sí mismos, a sus compañeros, a convivir con los demás transeúntes y desarrollar su sensibilidad por el entorno en el cual se mueven. Pequeñas y simples, pero profundas enseñanzas para muchos adultos del presente, acerca de cómo se puede dar una cara amable a Santiago.

 

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Fueron cuatro estimulantes jornadas en las que acompañamos a Educleta, organización sin fines de lucro que fomenta el uso seguro, sustentable e inclusivo de la bicicleta; en el piloto de su proyecto “A la Escuela en Bici”. Llevando a un grupo de siete pedaleros de 11 años, compañeros de curso en el sexto básico de la Escuela Libertadores de Chile, quienes cada miércoles recorrían esta parte del centro de Santiago para llegar a clases y al final de la jornada regresaban en a sus hogares pedaleando en sus bicicletas.

Como equipo New Indie, agradecemos haber sido parte de esta experiencia y la oportunidad de dejarles a estos niños, niñas y a sus propias familias, la idea de que la bicicleta no es sólo un objeto o un juguete más, sino que también puede ser una máquina que les facilite su vida, que aporta en su crecimiento personal y en el desarrollo de un vínculo emocional con su entorno, con sus vecinos y compañeros; que les entrega autonomía y la convicción de que el trabajo colectivo es clave para seguir volviendo más ameno el tránsito urbano.

 

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Fotografías: OJOPARLANTE

About The Author

Cristóbal
Antropólogo

Ciclista urbano que no le hace el quite a caminar o al transporte público. Antropólogo UAH dedicado a la investigación sobre la movilidad urbana y la interacción entre los transeúntes para lograr ciudades más amenas.

4 Responses

  1. Hernán Mardones Ayala

    Este trabajo es fantástico Cristóbal!!! hacer de una ciudad un lugar para vivir en lugar que una para sufrir merece que se te felicite, especialmente colocando esa semilla en una tierra fértil como son esos niños…bravo.

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  2. Nacho

    En la escuela Francisco Olea de mi hijo no hay bicicleteros, sino me lo llevaría en bici todos los dias

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